"El problema no es que no sepan hacer un presupuesto. El problema es que, cuando llega la emoción, el presupuesto pierde la discusión." Esa frase de María José Codesal me hizo detener la lectura de su nuevo libro “Gracias por mis deudas, ahora elijo prosperar”. No porque sea una idea completamente nueva, sino porque pone nombre a una realidad de la que hablamos muy poco: la culpa financiera.

Cuando pensamos en deudas solemos imaginar números, estados de cuenta, tasas de interés o tarjetas de crédito. Rara vez pensamos en el insomnio, la ansiedad, la vergüenza o el miedo que muchas personas experimentan cuando sienten que perdieron el control de sus finanzas.

Y, sin embargo, ese costo emocional existe. En México, cerca de 34 millones de adultos padecen un nivel alto de estrés financiero, lo que equivale a que dos de cada tres personas mayores de 18 años experimentan preocupaciones constantes por dinero, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) del INEGI del 2023.

Quizá por eso el libro de la coach en finanzas personales, resulta distinto. No pretende enseñar a calcular intereses ni promete fórmulas mágicas para salir de deudas. Su mayor aportación es otra: invita al lector a preguntarse por qué llegó ahí.

Porque muchas de nuestras decisiones económicas tienen poco que ver con las matemáticas y mucho con las emociones.

Nos endeudamos para pertenecer, para demostrar éxito. Para regalarles a nuestros hijos aquello que nosotros no tuvimos. Para sostener un estilo de vida que a veces ya no podemos pagar, o simplemente porque nadie nos enseñó a relacionarnos sanamente con el dinero.

Durante años hemos repetido que la solución está en hacer presupuestos, ahorrar más o gastar menos. Todo eso es importante, por supuesto. Pero también es cierto que nadie construye una buena relación con el dinero desde la culpa.

En Finanzas en Tacones he insistido muchas veces en que las finanzas personales no deberían vivirse desde el miedo, sino desde la conciencia. La educación financiera no consiste únicamente en aprender a invertir o comparar créditos; también implica reconocer nuestros hábitos, nuestras creencias y las emociones que influyen en cada decisión que tomamos.

Eso no significa romantizar las deudas. Endeudarse tiene consecuencias reales y, en muchos casos, dolorosas. Significa entender que salir de ellas requiere algo más que disciplina: exige información, un plan realista y, sobre todo, la disposición de cambiar la relación que tenemos con el dinero para no repetir la historia.

El libro de María José Codesal resalta que las deudas pueden ser una llamada de atención para revisar nuestras decisiones, pero no una sentencia sobre nuestro valor como personas.

Está dirigido a quien tiene deudas, pero también a quien ya las pagó y sigue viviendo con miedo, culpa o con la sensación de haber fracasado.

Quizá la verdadera libertad financiera no comienza cuando liquidamos la última tarjeta de crédito, sino cuando dejamos de creer que nuestro patrimonio define quiénes somos.

Es cierto, las deudas se pagan con dinero, pero la culpa, en cambio, solo desaparece cuando aprendemos a mirarnos con honestidad, asumir la responsabilidad de nuestras decisiones -sin castigarnos- y recordar que siempre es posible empezar de nuevo y construir una relación más consciente con el dinero.

@finanzasentacon

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