Para nadie es secreto que Trump ha emprendido una campaña abierta para detener a la izquierda del continente, valiéndose de recursos jurídicos, y, lograr simultáneamente, dos objetivos prioritarios: combatir a los cárteles que trasiegan a su país fentanilo y sus precursores -considerados Arma de Destrucción Masiva-, reduciendo su estela de muerte; y sacar a la izquierda del poder en el continente, atacándola en uno de sus puntos débiles: las alianzas que han mantenido con los cárteles de la droga. Trump, que no tiene la autorización del senado para emprender acciones militares en otros países, las lleva a cabo con el argumento de cumplir órdenes de detención dictadas por jueces federales contra terroristas, como ocurrió con Nicolás Maduro.
En México, esa maniobra política se acompaña de otros elementos de presión: imposición de aranceles, presiones diplomáticas, incursión de naves espías no tripuladas al territorio nacional, proceso de extradición de narcopolíticos, etc.
Amparándose en este hecho, Sheinbaum ha asumido la defensa de sus correligionarios vinculados a los cárteles, desacreditando las declaraciones y pruebas aportadas por los líderes narcotraficantes que se encuentran detenidos en EE. UU.; y sus vínculos con políticos mexicanos. Las mismas pruebas que han presentado a agencias de EE. UU., las han hecho llegar a la misma presidente, según el Dr. Gerardo Rincón Flores, abogado en México del Chapo Guzmán (documentos, fotografías, videos, etc., de 32 políticos del gobierno de Peña Nieto y de la 4t).
En el tablero geopolítico este hecho complicará a Sheinbaum cada vez más la defensa de los peones, alfiles, torres y hasta de su rey, ya que el gobierno de EE. UU. suele ir por la cabeza de sus enemigos: en Venezuela, Nicolás Maduro; Osama bin Laden, líder de Al-Qaeda, y su sucesor Ayman al-Zawahiri; contra Abu Bakr al-Baghdadi, líder del grupo Estado Islámico (ISIS), y su sucesor Abu Ibrahim al-Hashimi al-Qurayshi; entre otros. Y todos sabemos que ni Rocha Moya ni el senador Inzunza, Adán Augusto, Andy o Audómaro, lideran este entramado narco-político, por lo que la pregunta es: ¿por qué se van por las ramas y no apuntan directamente a la cabeza?
Si la detención de Maduro y la “neutralización” de los líderes terroristas no acabaron con los movimientos que estos representaban, sí significó un fuerte golpe para esas organizaciones. En el caso de México, la narrativa de Sheinbaum pretende deslegitimar las demandas de Trump, amenazando con un conflicto diplomático -y hasta social- entre ambas naciones en el caso de que Trump emprenda acciones unilaterales y viole la soberanía nacional. Aunque una cosa es el jefe del cártel narco-político de los morenistas y otra muy diferente, es la soberanía nacional -y Sheinbaum lo sabe-, pretende que lo percibamos como lo mismo, porque le conviene encubrir con ese manto a su jefe y a sus cómplices, usando el natural rechazo de los mexicanos a una invasión a nuestro territorio, por lo ominosas que ha sido históricamente éstas.
Salvar a su jefe, capo di tutti i capi, es la apuesta narrativa y política de Sheinbaum. Sin embargo, hay otro frente que no alcanza a cubrir: el cuestionamiento a la legitimidad de la presidencia de su antecesor y la suya, de los gobernadores morenistas, diputados, senadores e integrantes de cabildos que llegaron al poder con el financiamiento y la intervención directa de los cárteles. Aunque legalmente la legitimidad se otorgó con la declaratoria de triunfo del INE y del TEPJF, queda claro que las cabezas de estas instituciones son serviles a Morena, por lo que los supuestos triunfos son: o fruto del encubrimiento y la complicidad, o de la omisión e incompetencia de sus responsables.
De entregar los capos pruebas contundentes del financiamiento y la intervención de sus cárteles en las elecciones de 2018, 2021, 2022 y 2024 ¿procederá a ordenar la revocación de mandato y la destitución, o los seguirá encubriendo como hasta ahora?
























