Cuando el mexicanísimo embajador de Japón en México nos invita a creer que México, como anfitrión, tiene todas las de ganar el partido de futbol a Inglaterra, para el que la selección mexicana se preparó y ha dado muestras de tener mentalidad ganadora, lo que se requiere es superar el ¿Y si sí? que plantea una esperanza incierta, una posibilidad que nos suena más a “accidente” que a una probabilidad real de 51, 70 u 88 por ciento.

Aunque este artículo se escribió muchas horas antes del partido, sin conocer el resultado del mismo contra Inglaterra, hay algo cierto hacia el futuro: que la esperanza que ha surgido recientemente con el ¿Y si sí? requiere transformarse a una mentalidad ganadora, confiada en la preparación que le antecede; y no solo en el futbol, porque es aplicable a la vida personal y social.

Nos damos cuenta que los triunfos de la selección no han sido fruto de la casualidad, sino de la preparación, de tener buenos jugadores y, sobre todo, un técnico capaz de inspirar y formar mentalidad de hambre de triunfo. Ha habido fallas, sí, pero los aciertos son más, y contundentes; y, no, no se deben este gobierno, a Claudia Sheinbaum ni a la 4t.

Lo importante es dar el siguiente paso, ir más allá de lo que han hecho los argentinos, bolivianos, ecuatorianos, costarricenses, hondureños, chilenos, colombianos y peruanos al poner su confianza en la alternancia política como respuesta al fracaso de la izquierda, expresado en el clima de inseguridad, empobrecimiento, deterioro económico, corrupción y vínculos de gobernantes con la delincuencia organizada que ha dejado el populismo a su paso durante las 45 ocasiones que han gobernado 18 países en los últimos 30 años.

No basta confiar en la alternancia, requerimos construir instituciones autónomas que brinden certeza, información clara y oportuna; verdades incontrastables; que garanticen democracia, combate frontal a la corrupción, justicia -fin a la impunidad y al contubernio de gobernantes y delincuentes-; erradicación de cárteles; buen gobierno; participación y supervisión social; buenos gobernantes y legisladores. “Las derechas”, hacia donde se dirige la alternancia, hasta hoy han resultado medianamente eficientes en lo económica y muy pobres en lo social y cultural, y no han estado ausentes de la corrupción.

A pesar de sus promesas, los hipócritas, autodenominados “progresistas” Hispanoamericanos, han resultado involucionistas: casi todos los gobernantes de izquierda han sido señalados por enriquecerse -ellos, sus familiares y cercanos- corruptamente en el ejercicio del poder; han tenido pobrísimos resultados en generación de riqueza y bienestar; usado programas sociales de manera clientelar; polarizado a sus ciudadanos, usando una narrativa dialéctica y maniquea; vinculados con los cárteles de la droga; deteriorado los sistemas de salud y educativo de sus países; concentrado el poder en unas pocas manos; pretendido -algunos lo han logrado- acabar con la división de poderes y equilibrios entre ellos.

Para mejorar políticamente, un país requiere de una ciudadanía más y mejor formada, activa y comprometida. Para muchos, el futuro de México depende de la acción que el gobierno de Trump emprenda contra los narco políticos, incluido AMLO y su cártel (Tabasco-Sinaloa y Nueva Generación), de lo que ellos hagan para extinguir los grupos delincuenciales, y su protección política, que no ha sido tocada, como lo demuestra el caso Rocha Moya.

¿Y si sí acaban con el narco gobierno, qué vamos a hacer? ¿No sería mejor que nosotros lo hagamos, aliados con otros gobiernos del continente?

¿Y si sí nos atrevemos y le arrebatamos gubernaturas ganadas por Morena gracias a la delincuencia organizada? ¿Y si sí le quitamos la mayoría calificada y obligamos a que las decisiones se tomen democráticamente? ¿Y si sí combatimos la corrupción de nuestros gobernantes? ¿Y si sí metemos a la cárcel a los protectores políticos del narcotráfico y la corrupción?... haremos un México mejor.

Google News