El saludo. Querida “República”: pareciera que hoy la mejor manera de fluir, tanto en “La Cosa Pública” como en la vida misma, es “avanzando” en contrasentido.
Vivimos tiempos extraños: todo nos empuja a ir rápido, a optar por lo inmediato, a opinar de todo, a estar siempre “presentes”, a lograr vidas “perfectas”; y, sin embargo, quizá hoy la forma más sensata de avanzar sea ir en sentido contrario.
El mensaje
Ir en contrasentido no es rebeldía vacía; es criterio.
Es tener el valor de no seguir inercias: ni las de la mayoría, ni las de las redes sociales, ni las de una vida pública que, desde hace mucho, se extravió de lo trascendente.
Sí, hay decisiones que parecen ir contra la corriente; pero en realidad nos devuelven el rumbo.
Desde lo cotidiano, bien haríamos en dejar de construir nuestras vidas desde la inmediatez para abrazar el paso del tiempo, el esfuerzo, la madurez, los procesos y sus aprendizajes.
En un entorno que nos empuja a demostrar constantemente que “estamos bien”, ir en contra es dejar de buscar aprobación: menos likes y más vida real. También lo es, desconectarnos para volver a conectar; cuestionar la idea de que valemos por lo que hacemos o producimos; entender que descansar no es perder el tiempo, sino recuperarlo.
Incluso implica desconfiar de una industria del “bienestar” que promete soluciones rápidas a problemas profundos; un negocio a gran escala que, más que acompañar, muchas veces estandariza la forma en que deberíamos sentirnos, vivir o sanar nuestra ansiedad.
Esta intuición no es nueva. Viktor Frankl lo explicó con claridad al recordarnos que cuando todo empuja hacia el vacío de sentido, la tarea humana es resistir y construir propósito, incluso si eso implica ir contra el entorno.
Estudios recientes sobre bienestar —incluyendo los de Harvard University— han demostrado que una vida con sentido no se construye desde la inmediatez ni desde la aprobación externa, sino desde las relaciones profundas, la paciencia y la coherencia personal.
El contrasentido también hace falta para sanar “La Cosa Pública”.
Hoy, defender la democracia, apostar por instituciones sólidas o privilegiar el conocimiento técnico sobre la ocurrencia, parece ir contra la corriente; pero es justamente lo que puede sostener el futuro.
Ir en contrasentido, en política, es volver al diálogo en tiempos de polarización; es aproximar los extremos; es poner la verdad por encima de la conveniencia; es dejar de pensar en la siguiente elección, para empezar a pensar en la siguiente generación.
La despedida
Querida “R”: tal vez hoy tu decisión más lúcida —y más valiente— sea no seguir la corriente, sino recuperar el sentido. ¿Quién podría estar en contra de ello?
La firma
Tu amigo: “El Discursero”.
P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.
























