¿Qué es exactamente la idiosincrasia queretana? ¿Podemos hablar de una forma de ser queretana? La pregunta importa porque la expresión suele usarse para definir quién pertenece y quién puede opinar. La coordinadora de la bancada de Movimiento Ciudadano en el Congreso local, Teresita Calzada Rovirosa, lo ilustró con claridad la semana pasada, cuando declaró que el vocero del Frente Queretano por el Derecho a la No Discriminación "probablemente venga de otro estado, como la mayoría de los integrantes de esos colectivos", y sostuvo que quien llega a Querétaro debe respetar la idiosincrasia local.
Considero que, más allá de la anécdota, es necesario revisar el término. La apelación a "lo queretano" se ha vuelto recurrente en el debate público y está operarando como argumento político rumbo al proceso electoral de 2027.
Si rastreamos los antecedentes de la palabra “idiosincrasia” encontramos que viene del griego. Originalmente designaba el temperamento de una persona, pero con el tiempo comenzó a utilizarse para caracterizar a pueblos enteros. Esta idea tomó fuerza en el siglo XIX con las teorías del "espíritu del pueblo", que buscaban explicar costumbres, lengua e identidad de cada nación. Los proyectos nacionalistas la usaron para construir Estados a partir de territorios que en realidad eran plurales: se declaró una sola lengua oficial, una historia común, una identidad nacional, y las diferencias regionales e históricas quedaron subordinadas o borradas de esa narrativa. Hacia la segunda mitad del siglo XX, las ciencias sociales cuestionaron esa idea. Autores como Benedict Anderson, Eric Hobsbawm y Stuart Hall mostraron que las naciones no son comunidades naturales sino construcciones históricas relativamente recientes, sostenidas por la prensa, la escuela, el servicio militar y las tradiciones inventadas al servicio de los proyectos nacionales. En México, Guillermo Bonfil Batalla y Néstor García Canclini cuestionaron la idea de una cultura mexicana homogénea; hablaron, más bien, de sociedades plurales, atravesadas por desigualdades históricas y encuentros disputados entre pueblos originarios, comunidades campesinas, culturas urbanas y flujos globales, entre otros.
Volviendo a la pregunta inicial, la politóloga Chantal Mouffe advirtió que cuando una identidad se presenta como algo fijo se reduce el espacio del diálogo democrático: las diferencias dejan de discutirse y comienzan a verse como amenaza. Así, cuando una figura pública habla de "los queretanos" como un grupo uniforme, oculta las diferencias que existen dentro del propio estado y convierte el "ser queretano" en una herramienta política. Y los datos muestran que Querétaro difícilmente puede entenderse como una comunidad uniforme y estática: En 1970 tenía 485 mil habitantes y en 2020 superó los 2.3 millones, casi cinco veces más en medio siglo. Solo entre 2010 y 2020 se sumaron más de 540 mil personas. Casi cuatro de cada diez personas registradas en la lista nominal del estado hicieron su primer trámite de credencial en otra entidad; en la capital, El Marqués y Corregidora la proporción supera la mitad. Pero el estado no es solo su zona metropolitana. En la sierra gorda de Jalpan, Landa, Pinal de Amoles y Arroyo Seco viven realidades muy distintas a las de los corredores tecnológicos de Juriquilla o El Refugio. En Amealco y Tolimán hay comunidades hñähñu y ñäñho que sostienen lenguas, formas de organización y sistemas de gobierno propios desde hace siglos. En el semidesierto de Cadereyta o Peñamiller, el pulso económico y cultural nada tiene que ver con el de las periferias privilegiadas de Corregidora. La idea de un solo Querétaro no encuentra sustento empírico: hay muchos, y cada uno con su historia. Quienes llegamos de otros estados no somos un grupo externo, formamos parte de esa pluralidad y de la identidad que hoy se pretende definir.
Las idiosincrasias de Querétaro, o nuestro carácter como conjunto de comunidades, se construyen todos los días con las personas que vivimos, trabajamos, votamos y participamos en el estado. Usar el término para excluir contradice la historia reciente del estado. Esta lectura es indispensable para quienes aspiran a un cargo público en 2027. Querétaro no solo cambió: cambia todos los días. Lo que muchas veces se presenta como tradición queretana (una manera de pensar sobre la familia, la religión, la política o el papel de las mujeres) también se ha transformado.
























