Hay muchos matices del posparto de los que podría hablar. Algunos son difíciles, otros inesperados y muchos positivos. Pero hay uno en particular que últimamente me llama mucho la atención: la manera en la que cambia nuestra percepción del tiempo.
Antes, un mes no necesariamente parecía tanto. Cuatro semanas podían pasar entre trabajo, pendientes, fines de semana y rutinas sin que hubiera una diferencia demasiado evidente entre el principio y el final. Con un bebé, un mes puede parecer una eternidad. Con solo regresar unas cuantas semanas en el carrete del celular podemos comprobarlo. El bebé de esas fotos se ve distinto. Tal vez era más pequeño, tenía otras expresiones o todavía no hacía algo que hoy parece completamente cotidiano. En unas semanas empiezan a sostener mejor la cabeza, a seguirte con la mirada, a descubrir sus manos, a sonreír. Poco a poco aparecen sonidos, movimientos y gestos nuevos. De repente, el paso del tiempo se vuelve visible.
Quizá por eso también empiezas a observar de otra manera las cosas pequeñas. Un rayo de luz que entra a cierta hora por la ventana puede pasar de ser algo completamente irrelevante a convertirse en parte del baño de sol de tu bebé. Una caminata por el mismo recorrido que ahora lo emociona. Algunos sonidos que lo tranquilizan. Son cosas extraordinariamente simples. Probablemente estaban ahí desde siempre. Lo diferente es la atención que ahora les ponemos.
La llegada de un bebé también reorganiza el tiempo. El día empieza a dividirse en tomas, siestas, baños y pequeños rituales. A veces las horas parecen larguísimas, pero las semanas pasan rapidísimo. Un día estás aprendiendo a cargar a un recién nacido y, casi sin darte cuenta, estás guardando la ropa que ya dejó de quedarle. Hay algo bonito en esa contradicción. El tiempo parece avanzar más rápido que nunca, pero al mismo tiempo aprendes a detenerte más en él.
Tal vez por eso tantas frases sobre la maternidad hablan de disfrutar cada etapa. No creo que signifique que tengamos que disfrutar cada minuto. El posparto también tiene cansancio, incertidumbre, noches largas y días que simplemente queremos que terminen. Pero entre todo eso aparecen momentos pequeños que antes quizá habríamos pasado por alto. Y empiezas a entender que muchas veces ahí está lo importante. Un mes vuelve a sentirse como muchísimo tiempo porque alguien puede cambiar por completo frente a tus ojos. Y cinco minutos pueden sentirse suficientes cuando están llenos de algo tan sencillo como un poco de sol.
Quizá una de las cosas que trae el posparto es precisamente esa: una nueva forma de medir el tiempo. No solamente en días, semanas o meses, sino en todas esas pequeñas cosas que, sin darte cuenta, empiezas a querer recordar.
























