Varios periodistas de derecha gritaron al escándalo por ser exhibidos como parte o ser funcionales al ecosistema de la derecha internacional.

Todo comenzó con el análisis presentado por la consejera jurídica de la presidencia de la república, Luisa María Alcalde, el pasado 12 de agosto. Un análisis estándar de redes sociales como muchos que se hacen alrededor del mundo. Por ejemplo, los análisis que publica en Pandemia Digital, el español Julián Macías o el análisis que presentó el Dr. Carlos Augusto Jiménez, de la Universidad Autónoma de Nuevo León, el 19 de agosto en la conferencia mañanera de la presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum.

Del análisis del 12 de agosto sólo se tomó una mínima parte para gritar al escándalo. Cuando se presentaron las cuatro capas de cuentas dedicadas a la desinformación, el número relevante es el de las 560 mil 520 cuentas del anillo de amplificación, con más de 22 millones de publicaciones.

Sin embargo, los medios de oposición se concentraron en las 54 cuentas exhibidas de medios y comentócratas. Entre estas se señalaron casos más que evidentes: la derecha diario (que no es ningún diario, sino una simple cuenta de X, fundado por el argentino Fernando Cerimedo, detenido recientemente por intento de feminicidio en Bolivia y el español Javier Negre, despedido del periódico español El Mundo, por inventarse entrevistas nunca realizadas), Latinus o Atypical Te Ve.

Aparecieron también Raymundo Riva Palacio, el que afirmó que “la verdad es irrelevante” o Carlos Alazraki, aquel que dijo que “entre más mentiras digas sobre Morena, mejor te va”.

Gran parte de las y los señalados se mostraron molestos por aparecer en una lista de cuentas funcionales a la derecha internacional. No se requiere hacer análisis cuantitativos en la red X para saber que todas las cuentas mencionadas son, efectivamente, de periodistas o medios de derecha que por voluntad propia o de manera involuntaria forman parte del ecosistema de la derecha internacional y de su máquina de desinformación. Lo que extraña es que se muestren indignados por algo que ya se sabe desde hace mucho tiempo.

Es ridículo que periodistas o medios de derecha se indignen al ser señalados por ser parte de un ecosistema de la derecha. Esta supuesta indignación llegó al extremo, por parte de Carmen Aristegui, de comparar a la presidenta con Hitler y con Stalin, como si dicha periodista no hubiera cursado historia universal en el bachillerato como para saber que su comparación es a todas luces improcedente.

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