Como cada 3 de mayo, los trabajadores de la construcción acuden a los templos católicos, principalmente a La Cruz, para dar gracias por el trabajo y pedir protección en su oficio, peligroso, duro, pero esencial en la sociedad.

No es un día de La Cruz normal, como en otros años. Por ser domingo, las misas son cada hora durante todo el día y los feligreses son variados. Son familias y devotos que acuden cada domingo a misa.

Los trabajadores de la construcción también van a misa. Llevan sus cruces decoradas con listones de colores y flores, que pueden ser bendecidas en el altar tras la misa o a un costado del templo.

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José Cortés arriba acompañado de su esposa y su hija. Lleva dos cruces blancas, decoradas con listones de colores y flores. El hombre platica rápidamente que tiene 50 años dedicado a la construcción. Lo hace con una sonrisa, contento, orgulloso de su trabajo, de su forma de ganarse la vida honradamente.

FOTO. FERNANDO CAMACHO
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Señala que toda su vida se ha dedicado a la construcción y todos los años acude a bendecir su cruz para colocar en las obras en las que trabaja.

De acuerdo a la tradición, cada 3 de mayo, día de la Santa Cruz, los albañiles y todos los trabajadores de la construcción acuden a dar gracias, pedir trabajo y solicitar protección para su trabajo que conlleva riesgos en el día a día.

La tradición señala que si no se coloca una cruz en la obra en proceso, no se llegará a buen término o costará más trabajo concluir. También es tradición que el patrón organice una comida para todos los trabajadores. Carnitas, barbacoa, chicharrón en salsa verde, frijoles, arroz y cerveza, son algunos de los manjares que pueden ofrecerse a los trabajadores en su día.

No sólo el templo de La Cruz recibe a los devotos. En el templo de Santo Domingo algunos trabajadores de la construcción acuden a bendecir sus cruces, a lo que los frailes dominicos acceden con gusto.

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La tradición católica señala que el 3 de mayo del año 326, Santa Elena, o Elena de Constantinopla, en una excavación, encontró lo que creyó era la cruz de Cristo, retomando está historia para crear una fecha que con paso del tiempo fue retomada por los albañiles como su fiesta anual.

FOTO. FERNANDO CAMACHO
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Entre datos e historias

De acuerdo con Data México, en el primer trimestre de 2025, la población ocupada en la construcción fue de 8.42 millones de personas. De ese número, 96.6% son hombres, con un salario promedio mensual informado de siete mil 900 pesos, y 3.36% de mujeres, con un salario de cinco mil 900 pesos.

Del total de la población ocupada, 14.7% eran trabajadores formales con un salario promedio mensual de ocho mil 830 pesos, mientras que el 85.3% corresponde a trabajadores informales con un salario promedio de siete mil 660 pesos.

Cada vez es más común ver a mujeres en el sector de la construcción llevando a cabo diferentes actividades. Hasta hace 25 años no era tan común ver a mujeres en las construcciones, pues se tenía la creencia de que era un oficio que por su naturaleza ruda, era para varones, pero el sector femenino se ha abierto paso.

Alrededor de los albañiles existen mitos e historias que las redes sociales han llegado a compartir. Algunas son los videos donde hombres que van al gimnasio y han desarrollado mucha masa muscular no pueden levantar cuatro bultos de cemento, mientras que un albañil de peso y complexión promedio lo hace sin esfuerzo alguno.

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También existe el mito de que son buenos para los piropos, algo que es más un estereotipo reforzado por películas hechas hace cuatro décadas y no por una imagen real.

Existen también muchas creencias entre los albañiles y trabajadores de la construcción. En algunas zonas de México, cuando comenzarán a trabajar en una casa que ha estado deshabitada durante mucho tiempo encienden una fogata al interior, pues se cree que los espíritus se adueñan de esa vivienda y, antes de laborar, deben ser desalojados para que la obra se lleve a buen término.

Otra de las creencias de algunos maestros de la construcción es la que señala que las mujeres no pueden echar agua a una loza recién hecha para evitar que se trasmine. Este proceso, creen, tiene que hacerse sólo por el maestro albañil que encabezó el trabajo. Las mujeres no deben siquiera subir a la loza antes de que se fragüe, pues podría presentar defectos. “El cemento es celoso”, dicen algunos.

Sin embargo, más allá de la leyendas o creencias, el trabajo de los albañiles y de todos los trabajadores de la construcción es de los más demandantes físicamente, además de conllevar muchos riesgos por la naturaleza del mismo, por lo que deben aferrarse a su fe, a su devoción para continuar con su trabajo, labor que al mismo tiempo da forma y moldea las ciudades, los pueblos, los caminos.

Con su trabajo, su dedicación y sus horas de labor bajo el sol, en las condiciones más extremas, contribuyen a que la ciudadanía tenga un techo, un edificio para trabajar o un camino para viajar.

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