En India, una de las movilizaciones juveniles más llamativas de este año comenzó con el comentario de un juez que comparó a jóvenes desempleados con cucarachas.
La respuesta de los jóvenes fue preguntarse: ¿qué pasaría si todas las cucarachas se unieran? Las redes sociales hicieron el resto. La Cockroach Janta Party se convirtió en un movimiento que conectó con la frustración de toda una generación frente a un sistema que cada vez les exige más, sin ofrecerles ninguna garantía de futuro. Estudiar más, trabajar más, sacrificarse más… ¿a cambio de qué?
Pero las cucarachas no están solo en India. En España, las juventudes han salido a las calles para exigir el derecho a una vivienda digna. En Francia, estudiantes alzan la voz por sus condiciones educativas y sus oportunidades de futuro; en Argentina, miles defienden las universidades públicas frente a los recortes presupuestarios. En México, las movilizaciones en Jalisco por el acceso a agua limpia reflejan una inconformidad que va más allá de la protesta, nos negamos a aceptar que una vivienda, educación de calidad o un servicio tan básico como el agua se conviertan en privilegios. No son protestas aisladas, son el eco de una generación que exige respuestas y reclama su derecho a un futuro mejor.
Durante años escuchamos que los jóvenes no participan en política, que no votan y que no se interesan por los asuntos públicos. El error está en creer que participar significa únicamente votar, afiliarse a un partido, asistir a un mitin o apoyar a un candidato.
Somos una generación que se organiza de otra manera, desde lo digital, en colectivos, con las universidades y en redes de apoyo. No nos movilizamos por un candidato, lo hacemos por causas justas: vivienda, educación pública, agua limpia o empleo digno.
México tiene motivos de sobra para prestar atención a lo que ocurre con las juventudes en el mundo. ¿Cuál es la gran política pública para las juventudes en nuestro país? ¿Qué incentivos tienen para estudiar, trabajar, independizarse o formar una familia? ¿Qué estamos haciendo para que su esperanza sea algo más que sobrevivir al siguiente mes?
La lección de las cucarachas va más allá de la protesta. Una generación a la que consideran desconectada ha demostrado que puede apropiarse de la tecnología, convertir el humor en lenguaje político y construir comunidad alrededor de una causa.
Lo ocurrido en Jalisco no es menor. Las autoridades no deberían esperar a que una protesta estalle para escuchar. Tendrían que preguntarse qué problemas no están atendiendo y por qué una generación encuentra en las calles los espacios para hacerse escuchar que no encuentra en la política tradicional.
Las juventudes no han dejado de tener sueños y aspiraciones. Lo que parece estar agotándose es la confianza en que las promesas de la política se convertirán en oportunidades reales.
Y cuando una generación que mira el futuro con incertidumbre todavía encuentra motivos para salir a defender sus derechos, el problema no es su apatía.
Es que los gobiernos no han entendido lo que está tratando de decirles.
Rubén Galicia























