Hace unos días tuve la oportunidad de ver el documental Tragedia en el Estadio Corregidora transmitido por HBO. Dividido en tres capítulos, reúne entrevistas con asistentes al partido, personal de la empresa de vigilancia privada, periodistas y funcionarios públicos para reconstruir los hechos que se desataron en el partido entre los Gallos Blancos y los Rojinegros del Atlas, en la cancha del Estadio Corregidora el 5 de marzo de 2022.

El documental muestra cómo en las gradas se desató una batalla campal entre las barras del Querétaro y el Atlas que se extendió al terreno de juego. Una de las escenas más vergonzosas del fútbol nacional.

Los hechos, que marcaron para siempre la imagen de nuestra ciudad y nuestro estado, tuvieron diversas consecuencia. El equipo de Querétaro perdió el partido y jugó a puerta cerrada durante un año; recibió una multa económica y su directiva fue inhabilitada por cinco años. Además, la Liga MX implementó medidas como el "Fan ID" para permitir la entrada a las barras; se cancelaron los contratos de la empresa de seguridad privada; decenas de personas fueron detenidas, vinculadas a proceso y sentenciadas, y varios funcionarios públicos fueron despedidos, entre ellos Carlos Rodríguez Di Bella. El saldo oficial reportó 26 personas lesionadas, algunas de gravedad, y ningún fallecido. Esta información alimentó la cascada de rumores que hablaban de decenas de muertes y desapariciones.

El documental retrata las masculinidades tóxicas que permean el fútbol y que equiparan la rivalidad con la violencia, como si demostrar hombría importara más que respetar la vida e integridad de los demás. Sin embargo, por momento, también se convierte en una caja de resonancia para quienes, desde aquel día, han alimentado las teorías de la conspiración sobre los hechos ocurridos en el Estadio Corregidora. El documental da voz a personas que atribuyen los lamentables acontecimientos a un supuesto plan secreto coordinado por un grupo de la delincuencia organizada, sin pruebas sólidas y verificables que respalden es afirmación. Y si bien parte de hechos reales, el relato sobreinterpreta coincidencias y convierte vacíos de información es supuestas evidencias de una conspiración.

Así, el documental corre el riesgo de desviar la atención de la responsabilidad de quienes debían prevenirla al atribuir los hechos a un "plan secreto" que solo alimenta la desinformación y revictimiza a quienes sufrieron en carne propia la violencia.

Mi recomendación es ver el documental con reservas, distinguir los hechos de especulaciones y no difundir afirmaciones sin pruebas. No olvidemos que el morbo, la violencia y los rumores captan la atención de las audiencias y elevan los ratings a costa de la verdad y la dignidad de las personas.

La tragedia no necesita una conspiración para ser grave.

Maricruz Ocampo

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