En el México actual, millones de parejas aportan económicamente al ingreso familiar. En muchos casos, ellos y ellas se dividen los gastos de manera “equitativa” para garantizar la mejor calidad de vida posible a la familia. Sin embargo, cuando se analiza con cuidado, el aporte no es parejo. Él crea patrimonio y riqueza; ella destina su dinero al día a día: él compra un departamento, ella compra yogur.
La Teoría de yogur vacío se atribuye a la periodista Titiou Lecoq, quien, en su artículo La pareja y el dinero, expone cómo la relación de pareja puede convertirse en un sistema que reproduce la desigualdad económica. En su artículo, Lecoq describe cómo el reparto de gastos cotidianos frente a la inversión en bienes patrimoniales afecta de manera desproporcionada a las mujeres.
La autora utiliza la metáfora del bote de yogur porque así como desaparece el yogur, desaparece el dinero de las mujeres, ya que ellas suelen asumir los gastos diarios y consumibles, que no dejan un valor residual, mientras que los hombres destinan sus ingresos a pagar bienes duraderos que aumentan de valor con el tiempo, como propiedades o vehículos.
La teoría del yogur vacío desbanca el mito del 50/50, ya que dividir los gastos a la mitad no es equitativo si los ingresos de ambos son diferentes. Lo justo sería dividir los gastos de manera proporcional al salario real de cada integrante, ya que las condiciones laborales de las mujeres suelen ser desiguales —un alto número de mujeres trabaja en la informalidad—. Si a esto sumamos que las tareas del hogar y la maternidad reducen el tiempo laboral y el margen de ahorro propio de las mujeres, resulta evidente que la relación no es pareja.
En los casos de divorcio, esto coloca a las mujeres, sobre todo a aquellas que contrajeron nupcias por bienes separados, en desventaja, ya que, al asumir los gastos pequeños del día a día —debido a salarios más bajos, roles tradicionales y el trabajo no remunerado—, aumenta la desigualdad patrimonial y quedan desprotegidas económicamente. Quien pagó los bienes se queda con los activos y el dinero invertido, mientras que ellas se quedan solo con el recuerdo de los gastos cotidianos —simbólicamente, los "botes de yogur vacíos"—.
En muchos casos, esta situación se agrava por el control, la imposición, el aprovechamiento de la desigualdad, el ocultamiento de bienes y la exclusión de la mujer de las decisiones patrimoniales, lo que resulta en la afectación de sus recursos y derechos y constituye violencia económica y patrimonial de acuerdo con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.
Las autoridades judiciales tienen la obligación de juzgar con perspectiva de género y garantizar que la desigualdad económica y patrimonial no se traduzca en una sentencia que condene a las mujeres a la pobreza o a la precariedad patrimonial.
La teoría del yogur vacío nos enseña que, en muchas parejas, la cosa no es pareja.
Maricruz Ocampo
























