En tiempos de debates acelerados, consignas instantáneas y opiniones convertidas en trincheras, el trabajo de Rosa Cobo ofrece algo cada vez más valioso: tiempo para pensar.

Doctora en Ciencias Políticas y Sociología, profesora titular de Sociología en la Universidad de A Coruña y una de las voces más reconocidas del feminismo académico en España y América Latina, Cobo ha dedicado buena parte de su trayectoria a estudiar la relación entre patriarcado, capitalismo, sexualidad y poder. Su mirada incomoda precisamente porque no acepta las explicaciones fáciles.

Para Rosa Cobo, el patriarcado no es una reliquia del pasado ni una suma de comportamientos individuales. Es una estructura social capaz de adaptarse a los cambios económicos y culturales. Puede presentarse con nuevos lenguajes, adoptar formas aparentemente modernas y convivir con sociedades que se consideran igualitarias.

Cobo hace preguntas difíciles. ¿Qué significa elegir cuando las opciones están profundamente condicionadas por la pobreza, la falta de oportunidades o la desigualdad? ¿Puede hablarse de libertad sin tener en cuenta el contexto en el que se toma una decisión? Estas preguntas resultan particularmente relevantes en una época que tiende a convertir los conflictos sociales en asuntos de responsabilidad individual. El pensamiento feminista de Cobo recupera justamente esa dimensión colectiva: nuestras vidas privadas también están atravesadas por la economía, la cultura y el poder.

El feminismo, desde la perspectiva de Rosa Cobo, no es una guerra contra los hombres. Es una crítica de un sistema que asigna posiciones desiguales y enseña a cada persona a ocuparlas. Cambiar ese sistema requiere que las mujeres conquisten derechos y autonomía, pero también que los hombres renuncien a privilegios y revisen las formas de autoridad, deseo y convivencia que han aprendido.

La importancia de Rosa Cobo reside, en buena medida, en su capacidad para conectar asuntos que a menudo se estudian por separado. La prostitución, la pornografía, la violencia sexual, la masculinidad y la desigualdad económica no son fenómenos inconexos. Forman parte de una misma conversación sobre quién tiene poder, quién puede ejercerlo y sobre qué cuerpos se ejerce con mayor intensidad.

Leer a Rosa Cobo no siempre resulta cómodo. Su obra obliga a desconfiar de las explicaciones tranquilizadoras y a reconocer que muchas prácticas normalizadas tienen consecuencias políticas.

En una época de banalización del feminismo, Rosa Cobo recuerda que la igualdad es un proyecto político y social que exige transformar las condiciones materiales de la vida, cuestionar los mercados que convierten los cuerpos en mercancías y construir relaciones basadas en la libertad real.

La lección que nos deja Rosa Cobo es que no basta con mirar el mundo tal como se presenta. Hay que preguntarse quién lo ha organizado así, a quién beneficia y qué tendría que cambiar. Ahí comienza, precisamente, la imaginación feminista.

Maricruz Ocampo

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