Todos planeamos, todo el tiempo. Planeamos para realizar las tareas más cotidianas, lo mismo que para alcanzar los sueños más ambiciosos. Planeamos cuando elegimos un camino para dirigirnos de casa a la oficina, cuando hacemos la lista del supermercado, cuando elegimos la escuela de nuestros hijos, cuando emprendemos un negocio o cuando nos preparamos para correr un maratón. Solemos planear en automático, “sin pensarlo demasiado”; y sin embargo, esta capacidad es la que nos diferencia del resto de las especies. Se trata de la capacidad mental para imaginar y para alcanzar eso que imaginamos.

De la calidad de este proceso mental dependen en buena medida las posibilidades de éxito de lo que emprendemos. Bien vale la pena comenzar a planear de una manera más consciente y deliberada.

Dedicar tiempo a una buena planeación puede hacer la diferencia. Implica conocer con la mayor claridad posible el objetivo concreto que se busca, el punto de partida y las alternativas que se tienen para llegar de un punto al otro. Implica la construcción de un plan detallado que tenga la flexibilidad que pueden requerir los cambios del contexto y las incertidumbres.

Una buena planeación no asegura el éxito, pero no planear casi asegura el fracaso.

La historia demuestra que las sociedades que progresan más suelen tener una visión compartida de largo plazo. Son capaces de construir acuerdos fundamentales sobre el futuro que desean alcanzar.

Hoy vivimos en un mundo marcado por grandes cambios que se dan a gran velocidad. En un contexto así, improvisar resulta cada vez más costoso, mientras que planear representa una ventaja fundamental.

Por ello, la planeación no debe entenderse como un ejercicio burocrático reservado para especialistas. Es, ante todo, una conversación colectiva y permanente sobre el futuro. Una reflexión continua. Una oportunidad para preguntarnos qué tipo de sociedad queremos construir.

Querétaro vive uno de los momentos más importantes de su historia. El crecimiento económico, la llegada de nuevas inversiones, el aumento de la población y el dinamismo de nuestra región generan oportunidades extraordinarias, pero también desafíos complejos. Temas como la seguridad, la movilidad, el agua, la vivienda, la energía, la salud y la educación, requieren una mirada que vaya más allá de los ciclos político-administrativos de cada tres o seis años.

Por esa razón, en Querétaro impulsamos instituciones y ejercicios de planeación de largo plazo que incorporan la visión de la ciudadanía, de las universidades, de los empresarios, de las organizaciones sociales y de los distintos órdenes de gobierno. El argumento es simple: el futuro no debe ser algo que nos ocurra; debe ser algo que construyamos juntos.

Planear no significa adivinar. Significa prepararnos. Significa tomar mejores decisiones hoy para ampliar nuestras posibilidades mañana. Significa reconocer que el futuro no es un destino inevitable, sino el resultado acumulado de las decisiones individuales y colectivas.

Al final, la planeación es un acto de responsabilidad. Con nosotros mismos, con nuestras familias y con las generaciones que habrán de vivir el Querétaro que hoy estamos ayudando a construir.

Secretario de Planeación y Participación Ciudadana

Google News