Recordamos el “Grito de Dolores” como la fecha y el evento que dan inicio a la Independencia. Pero en realidad se trató de un movimiento que inició en el terreno de las ideas, y los jesuitas tuvieron un papel muy importante antes de las primeras batallas del cura Hidalgo en Guanajuato.
Las ideas protonacionalistas se remontan a finales del siglo XVI. En los siglos XVII y XVIII llegó a Europa la filosofía racionalista de Descartes y otros. Pero en México, esos libros llegaban por contrabando y en pocas cantidades. Por eso, unos importantes difusores de la Ilustración fueron los jesuitas a través de su labor educativa —sin necesidad de escribir y arriesgarse frente a la Inquisición—. Esta orden dominó la educación superior en los reinos de España y enseñaron teorías que no fueron muy del agrado de los reyes.
Los jesuitas comenzaron a utilizar el concepto de nacionalidad. ¿Qué eran los nativos de la Nueva España? No eran españoles. Tampoco eran indígenas. Se trataba de una nación distinta: la mexicana. En esa reflexión estaban cuando, en 1762, los expulsaron de España y sus colonias. Empero, sus ideas permanecieron.
La Compañía de Jesús plasmó ideas sobre la nacionalidad en obras escritas desde el exilio. Francisco Javier Alegre, Juan Luis Maneiro y Francisco Javier Clavijero reflexionaron profundamente sobre el significado de ser mexicanos en términos de historia, cultura e identidad.
Las ideas de los jesuitas influyeron, en Valladolid (hoy Morelia), en el destacado seminarista Miguel Hidalgo. También en José María Morelos, quien estudió bajo el rectorado de Hidalgo, en el Colegio de San Nicolás, fundado por Vasco de Quiroga.
Desde luego, hubo muchos otros factores históricos, económicos y políticos mucho más conocidos que detonaron esta lucha, como la Revolución Francesa, la Independencia de Estados Unidos y las guerras napoleónicas y sus consecuencias para España. En 1808 se enviaron diputados de Nueva España para la elaboración de la Constitución de Cádiz. Los herederos de aquella educación jesuítica defendieron los derechos de la nación mexicana lo mismo en Cádiz que en Apatzingán e Iguala.
Grandes episodios de la historia de las naciones empiezan muchas veces con ideas que se siembran en las mentes de los estudiantes en un salón de clases. De ahí que sea imposible exagerar la importancia de la educación. Cuidemos que la falta de debate y el desprecio que hoy vemos por la calidad educativa no esconda el propósito de cambiar la educación para reducir las libertades.
























