En Querétaro hay una conversación que se repite cada vez con más frecuencia y no siempre aparece en los “informes” oficiales, no la muestran las gráficas y muchas veces no se convierte en denuncia. Pero está ahí, en la vida diaria de todas y cada una de las personas que cambian sus horarios, familias que evitan pasar por ciertas zonas, mujeres que regresan… o esperan regresar a salvo, jóvenes que ya no caminan igual de noche, madres y padres que piensan dos veces antes de dejar salir solos a sus hijos ¿Se acuerdan cuando salíamos a jugar a las calles de nuestra colonia? Eso también es seguridad. O, mejor dicho, eso también es falta de seguridad.

Una ciudad no sólo se mide por cuántos delitos se registran, sino por la calidad de vida que tenemos como ciudadano, por la tranquilidad con la que alguien espera el transporte o la confianza de caminar una calle iluminada. Se mide por esa confianza que se tiene de que un parque, una parada, una colonia o un regreso a casa no se conviertan en motivo de preocupación.

En Querétaro nos “muestran” datos oficiales con avances en algunos indicadores, eso debe reconocerse con seriedad, pero también debe decirse con la misma claridad: ningún dato debe usarse para cerrar la conversación con la ciudadanía; al contrario, los números tienen que servir para escuchar más y mejor. Si una persona siente que tuvo que cambiar su rutina para cuidarse, esa experiencia importa, si una persona deja de visitar a sus familia por temor, eso importa, si una mujer evita caminar de noche por alguna calle, por supuesto que eso importa.

Si la tranquilidad se empieza a administrar por horarios, zonas y precauciones, entonces hay algo que atender.

Seguridad no es reaccionar después de los hechos, requiere prevención, presencia institucional, alumbrado público, transporte seguro, recuperación de espacios, atención a jóvenes, verdadera coordinación metropolitana y seguimiento real por colonia, por calle y por comunidad. También requiere escuchar sin descalificar porque cuando la autoridad responde sólo con cifras, pero la gente responde con miedo, hay una distancia que debe corregirse.

Querétaro es diferente a lo que hace mucho administraban los mismos de siempre, creció, se encareció, se extendió y se volvió más complejo. Las dinámicas de seguridad de hace diez años ya no alcanzan para la ciudad que tenemos hoy; la capital necesita quien entienda esa nueva realidad, de nada sirve planear orden, sin brindar verdadera seguridad.

Les gusta presumir de que “disminuyeron los delitos” pero no quieren reconocer que es gracias a que las personas que habitamos aquí, nos vemos obligadas a cambiar nuestras rutinas para no sufrir de alguno de esos delitos. Las cifras son importantes, pero más importante aún, poner atención en que la tranquilidad no puede convertirse en privilegio de unas cuantas zonas ni depender de que la gente aprenda a cuidarse sola. La seguridad debe sentirse en lo cotidiano: al salir temprano, al volver tarde, al ir al trabajo, a la escuela, al mercado, al centro, al parque o a visitar a la familia.

Por eso, hablar de seguridad en Querétaro no es exagerar… es escuchar lo que dicen nuestros vecinos, la población. Es reconocer que la ciudadanía no pide discursos perfectos, pide respuestas claras, de que sirven los operativos visibles si los resultados no se notan. Querétaro merece más que indicadores positivos, merece tranquilidad real, que sus calles, colonias y espacios públicos se vivan sin miedo. Merece una seguridad que no sólo se informe, sino que se sienta.

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