Esta semana, desde la mañanera, se pusieron sobre la mesa dos temas que deberían importar mucho más en Querétaro de lo que normalmente se reconoce: el acceso al bachillerato y la salud mental de las juventudes. El gobierno federal anunció que al cierre de 2026 habrá 200 mil nuevos lugares en educación media superior y que 18 estados ya no realizan examen de ingreso. Además, presentó la estrategia “El ABC de las emociones”, dirigida a adolescentes de 14 a 18 años, con seis ejes de acción y la distribución de 18 millones de guías para estudiantes, docentes y familias. El mensaje de fondo es claro: estudiar no debería ser una carrera de desgaste, y cuidar la salud mental juvenil ya no puede tratarse como un asunto menor o privado.

Pero cuando esa conversación aterriza en Querétaro, pareciera que les incomoda. No se trata de discutir la utilidad administrativa del proceso, sino de observar algo más profundo: para muchas familias, incluso el acceso a la preparatoria sigue significando pago, trámite, presión y miedo a quedarse fuera. Y cuando una familia ya viene cargando renta, transporte, comida y recibos, cualquier filtro adicional pesa más de lo que parece desde una oficina.

Y si a eso le sumamos cuestiones como lo ocurrido en la Facultad de Medicina de la UAQ, donde aspirantes tuvieron problemas con la plataforma del examen y la universidad en un acto sumamente responsable decidió reprogramar la evaluación para garantizar igualdad de oportunidades, se puede observar que, aun cuando las instituciones corrigen, el proceso de ingreso puede convertirse en una fuente adicional de angustia para jóvenes y familias que ya viven con mucha presión encima. En una ciudad donde cada vez cuesta más sostener un proyecto de vida, también debería importarnos el costo emocional de competir por un lugar para estudiar.

La salud mental no empieza en el consultorio, empieza mucho antes: en la casa donde el dinero ya no alcanza, en el trayecto largo hacia la escuela, en la incertidumbre de no saber si habrá lugar, en el estrés de sentir que cualquier falla técnica, cualquier pago o cualquier desventaja puede dejarte atrás. Por eso la importante trascendencia de que esta semana el gobierno federal hablara de emociones, contención y acompañamiento juvenil.

Por eso también Querétaro tendría que dejar de pensar estos temas como asuntos aislados. Educación, ciudad y bienestar emocional no son debates separados, son la misma conversación cuando se habla del futuro de las juventudes.

En Querétaro ya no alcanza con presumir crecimiento si ese crecimiento no se traduce en una ciudad que acompañe, no alcanza con hablar de oportunidades si estudiar sigue siendo, para muchas y muchos, una experiencia de tensión económica y emocional. No alcanza con decir que aquí hay futuro, cuando las juventudes viven con ansiedad, desgaste y sensación de estar siempre a prueba. Una ciudad verdaderamente humana no es la que obliga a sus jóvenes a “resistirlo” todo para salir adelante.

Si realmente están “Contigo”, deberían demostrarlo apostando por una mejor calidad de vida para todas y todos, en lugar de apostar por mejorar SU forma de vida.

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