El Segundo Informe de la presidenta Claudia Sheinbaum nos permite hacer algo más importante que un recuento de cifras: comparar dos maneras de entender el desarrollo.

Durante décadas nos dijeron que primero había que generar riqueza y después, eventualmente, ésta llegaría a quienes menos tienen. La Cuarta Transformación decidió cambiar esa lógica: crecimiento económico y justicia social tienen que caminar juntos.

Los resultados presentados por la Presidenta son importantes. México mantiene estabilidad económica, alcanzó niveles históricos de inversión extranjera y el salario mínimo acumula un incremento real que está modificando la vida de millones de trabajadores. A esto se suma la ampliación de los Programas para el Bienestar y una reducción significativa de los homicidios dolosos durante esta administración.

Por supuesto que quedan problemas. Una izquierda responsable no puede negar la realidad ni caer en triunfalismos. Seguridad, salud, desigualdad y acceso a vivienda siguen exigiéndonos resultados.

Pero también debemos reconocer cuando una política pública funciona.

Y Querétaro es un extraordinario ejemplo para contrastar modelos.

Durante años el PAN ha construido el discurso del llamado “modelo Querétaro”. Reconozco que nuestro estado tiene fortalezas: inversión, generación de empleo y una sociedad trabajadora y emprendedora.

Pero debemos hacernos una pregunta: ¿de qué sirve crecer si ese crecimiento no alcanza para todos?

Hoy miles de queretanos enfrentan dificultades para pagar una vivienda, pasan horas trasladándose diariamente y viven preocupados por el agua y la seguridad.

Frente a ello, el Gobierno de Claudia Sheinbaum está realizando una inversión federal histórica en infraestructura ferroviaria. El Tren México–Querétaro avanza con la meta de iniciar operaciones en 2027 y convertir nuevamente a nuestro estado en un punto estratégico del sistema ferroviario nacional.

A esto se suman los Programas para el Bienestar que llegan directamente a las familias queretanas.

Ahí está la diferencia que debemos discutir.

No se trata de enfrentar a Querétaro con la Federación ni de convertir cada obra en una competencia entre partidos. Querétaro gana cuando los gobiernos trabajan juntos. Pero desde la izquierda queremos ir más lejos.

Queremos un Querétaro económicamente fuerte, sí, pero también más justo. Un estado donde tener empleo signifique poder vivir dignamente; donde el crecimiento inmobiliario respete el derecho al agua; donde una familia trabajadora pueda acceder a vivienda y donde vivir fuera de la zona metropolitana no signifique tener menos oportunidades.

Ese es el proyecto que representa Claudia Sheinbaum: prosperidad compartida. El Segundo Informe nos recuerda que transformar no significa solamente administrar mejor.

Significa preguntarnos todos los días para quién estamos gobernando.

Y nuestra respuesta debe seguir siendo la misma: por el bien de todos, primero quienes más lo necesitan.

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