Para resolver un problema lo primero que hay que hacer es reconocerlo, de lo contrario ni se atenderá debidamente y mucho menos se resolverá.
Desgraciadamente el presidente López Obrador no reconoce el gravísimo problema de la presencia y fortaleza del Crimen Organizado (CO) en el país. La estrategia de “abrazos y no balazos”, a la luz de sus resultados, crecimiento y proliferación de cárteles y demás bandas delincuenciales, solo se puede interpretar como un contubernio.
El presidente ignora o no reconoce, al menos en el discurso, que el CO controla más de una tercera parte del país de acuerdo a lo señalado por el general Glen Vanherck, jefe del Comando Norte de los Estados Unidos, en el sentido de que entre el 30 y el 35% del territorio nacional era controlado por el crimen organizado (marzo 18, 2021). También ignora o no reconoce que el CO está presente y opera en el 81 % del territorio nacional (AC Consultores/EL UNIVERSAL) y además el presidente hace oídos sordos a los reclamos de cientos de miles, sino es que ya de millones de comerciantes, de todos tamaños, que son extorsionados por los delincuentes. El presidente también ignora o no reconoce que en diversas carreteras los delincuentes instalan retenes en los que extorsionan sistemáticamente a quienes transitan por ellas salvo a quienes se identifican como “siervos de la Nación” –casualmente y a decir del presidente los malandros no atentan contra ellos, “que se portan bien”, imagino porque saben que el gobierno es su cómplice–, también desconoce que tramos enteros de la frontera sur –concretamente en Chiapas– están bajo control territorial de distintas bandas criminales que se disputan dicho territorio.
No debe pasar desapercibido que, ante los sustentados reclamos del gobierno de Estados Unidos, el presidente declaró que en México no se producía fentanilo cuando la misma Secretaría de la Defensa Nacional ha publicado fotografías de laboratorios desmantelados en territorio nacional.
Y peor aún, el presidente, a pesar de las múltiples evidencias, niega la intervención del CO en diversas elecciones ya sea eliminando o patrocinando candidatos y también obligando a comunidades enteras a votar por el candidato-cómplice.
Así la realidad que el presidente pretende decirnos no existe. Realidad que millones padecen y que más millones observamos. Ante ello le pregunto al presidente: ¿Si no vivimos en un narcoestado, en qué Estado vivimos?
Fuente de los Deseos: Ojalá el presidente y su partido, Morena, reconozcan que sí vivimos en un narcoestado y que su estrategia de “abrazos y no balazos” solo ha permitido el fortalecimiento y proliferación del Crimen Organizado.
Exsenador.
























