El saludo. Querida “República”: algo cambia cuando suena la campana del recreo. Por unos minutos se suspenden las reglas del salón, se detienen las clases y comienzan otro tipo de lecciones.
Niñas y niños corren, conviven, negocian, se organizan, forjan una reputación mientras descubren el mundo a su manera; aparecen liderazgos, acuerdos, conflictos, exclusiones y pequeñas disputas de poder. Es caos, sí, pero también una pausa necesaria que abre un espacio de aprendizaje social.
El problema comienza cuando el recreo deja de ser un descanso temporal y se convierte en la forma habitual de conducir “La Cosa Pública”.
El mensaje
El recreo no solo es cosa de niños; es parte de “La Cosa Pública”. Eso quedó demostrado cuando el Secretario de Educación Pública del Gobierno de México, Mario Delgado, anunció la intención de recortar alrededor del 15% del ciclo escolar para adelantar las vacaciones de verano, argumentando el Mundial de Futbol y las altas temperaturas.
La decisión provocó desconcierto porque estamos en uno de los momentos más delicados para la educación en México. De acuerdo con datos del IMCO, millones de niñas y niños permanecen fuera de las aulas; la escolarización cayó en distintos niveles educativos; y las evaluaciones internacionales reflejan un deterioro preocupante en conocimientos básicos, especialmente en matemáticas y comprensión lectora.
Por eso el mensaje que recibió buena parte del país fue demoledor: menos conocimiento y más futbol; menos escuela y más pausa; menos aprendizaje y más improvisación. Porque mientras millones de estudiantes arrastran rezagos educativos acumulados desde la pandemia, el gobierno anunció su decisión de ampliar las vacaciones escolares hasta alcanzar cerca de 87 días.
¡Y entonces comenzó el verdadero recreo político! La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) acusó que la medida tenía motivaciones políticas y no pedagógicas; padres de familia, especialistas y comunidades educativas cuestionaron el impacto de la decisión; mientras voces oficiales intentaban matizar un anuncio que ya había sido presentado públicamente.
Un día después, la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que aún se trataba de una propuesta. Más tarde, el propio secretario Delgado respondió: “lo checamos el lunes”. Y finalmente echaron marcha atrás, dejando el calendario tal como se planteó desde el inicio del año escolar -celebrándolo como un acto de “justicia social”, gracias a la intervención de la Presidenta-.
Y quizá ese fue el mensaje más preocupante de todos. Porque un país que no toma en serio la educación, termina por no tomar en serio su futuro.
La educación no puede administrarse con ocurrencias, cálculos políticos o improvisaciones de última hora; mucho menos en un país donde millones de estudiantes siguen intentando recuperar el tiempo perdido.
La despedida
Querida “R.”: antes de salir al próximo recreo, recuerda que tu educación es la mejor forma de sacar adelante al país.
La firma
Tu amigo: “El Discursero”.
P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.
























