Francisco Ortiz Trejo, era jefe de Batallón de la estación central de los Bomberos de Querétaro, tras 41 años de servicio, fue dado de baja injustificada. El hombre, quien durante el sismo en la Ciudad de México de 1985 prestó servicio de rescate, lo único que quiere es justicia, pues considera que su despido fue injustificado; asegura que no es el único que ha padecido esta circunstancia.

Acompañado de su esposa, su hija, Marisa, y su hijo, Francisco Ortiz Benítez, bombero voluntario y quien también fue despedido por apoyarlo.

Padre e hijo ofrecen una rueda de prensa en Plaza de Armas, frente al Tribunal de Justicia; paradójicamente, lo que ambos piden es justicia, pues consideran que Francisco padre, fue despedido de manera injustificada.

Ortiz Trejo narra que después de cuatro décadas como bombero fue notificado la semana pasada, el miércoles, se le informó que ya no pertenece al cuerpo de bomberos, le pidieron que se presente al siguiente día (jueves) a las oficinas.

“Sólo quiero lo que me corresponde por ley”
“Sólo quiero lo que me corresponde por ley”

“El jueves llegó a las 11 de la mañana, a la hora que era la cita que tenía, me informan que espere a que llegue el licenciado de bomberos. Llegó el licenciado y me notifica que ya estoy dado de baja del cuerpo de bomberos. No me quisieron dar ninguna razón. En ese momento le hablé a mi licenciado. Lo esperamos, ellos empezaron a hacer una negociación, pero no daban razón (para su despido)”, comenta.

Sólo dijeron, agrega, que los bomberos no requerían más de sus servicios. Asegura que nunca tuvo problemas con sus superiores o sus compañeros.

“Hubo un tiempo en que me estaban fastidiando. Me cambiaron a la estación número cinco, que está en carretera a Mompaní. De ahí, me cambiaron a la estación número tres, que está en la carretera a Huimilpan. Así me estaban cambiando de estación”, comenta.

Su familia sostiene las cartulinas donde se muestran fotografías de Francisco Ortiz Trejo en diferentes ceremonias en las cuales lo reconocieron por su trabajo.

En una de las imágenes, el exbombero aparece con, el actual gobernador, Francisco Domínguez y su esposa, Karina Castro, cuando era presidente municipal de Querétaro, así como con José Calzada y su esposa, Sandra Albarrán, cuando era mandatario estatal.

La esposa de Francisco y su hija escuchan en silencio sus palabras; mientras a unos metros, Francisco hijo, habla con el abogado de su padre. La crisis por la que pasan los dos hombres une a la familia en la manifestación.

Ortiz Trejo comenta que esta situación es frecuente en el Cuerpo de Bomberos de Querétaro. “Fernando Palacios Ugalde, como es el jefe operativo, es el que hace todo el movimiento y a sus más allegados es a quienes tiene más cerca, para que lo estén arropando”, asevera.

Francisco recuerda bien el día que ingresó a los bomberos. Fue el 22 de agosto de 1980. Dice que en aquel entonces se registró el incendio en el hotel Impala, “donde el comandante Ignacio Laracochea, cuando iba pasando por ahí, me invitó a ayudarles a subir las mangueras a los camiones. Me invitó a [unirme al cuerpo de] bomberos y ahí me nació el gusto. Tenía 17 años”.

En 1985, recuerda el hombre, acudió a la Ciudad de México a apoyar en las labores de rescate durante el sismo que se registró en ese año. En esa actividad estuvo durante mes y medio, dejando a su familia sola, sin que recibiera apoyo, porque le gusta ayudar a la gente, a la sociedad, “y me pagan con esta situación”.

Como ocurre con los bomberos, la familia también es parte de su labor, pues tenían que esperar en casa a que regresara, con la incertidumbre sobre si volvería sano y salvo, o quizá ya no volvería. “Les decía: salgo, quién sabe si regrese, porque la profesión de bombero es muy riesgosa”.

“Sólo quiero lo que me corresponde por ley”
“Sólo quiero lo que me corresponde por ley”

Por ello, comenta que no sabe cómo es posible que ahora las autoridades no investiguen a Palacios Ugalde, cuando incluso estuvo involucrado en un fraude de unos cursos que no se dieron nunca.

Francisco, además, apunta que prevalece la falta de equipo para los bomberos. Agrega que las autoridades han apoyado económicamente a la institución.

“Tengo entendido que les acaban de dar 50 millones [de pesos] para equipo. Fernando Palacios se va a Estados Unidos y él es el que compra el equipo. Muchas veces es un equipo usado que nada más nos dura un tiempo y se descompone. Hay más instituciones, como Bomberos de El Marqués, que también necesita el apoyo y no se les da. Debe ser unánime el apoyo para todos los bomberos en el estado”, expresa.

Recuerda que su despido y el de su hijo no son los únicos. En enero pasado, narra, cuatro de sus compañeros, entre ellos el mayor Jesús L., quien estaba enfermo de Covid-19, fueron despedidos. El mayor, a la postre, murió. Francisco cree que murió por la depresión de perder su trabajo en el cuerpo. Los otros bomberos cesados, dice, no quisieron entablar una demanda, pues fueron amenazados de que sus juicios tardarían muchos años.

Francisco sostiene que llegará hasta las últimas consecuencias, pues no quiere más que lo justo para él, luego de 41 años de servicio a la sociedad queretana, arriesgando su vida. “Yo no peleo otra cosa que es lo que me corresponde por ley”.

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