En un mundo en donde ahora todo es blanco o negro, permanecer ecuánime es visto mal, dice Diego Martínez Peña, artista plástico cuya obra fue vandalizada en días pasados y que comenzó a recibir mensajes para tomar una postura, llegando al acoso.
Con 20 años de carrera en el arte, Martínez Peña estuvo en el ojo del huracán cuando días atrás su obra, uno de los balones que el municipio de Querétaro colocó en lugares públicos para celebrar el Mundial, narra que en la intervención del balón invirtió alrededor de 500 horas, y estuvo acompañado de sus amigos, quienes en algunos casos lo ayudaron y en otros le “echaron porras”.
El artista plástico aclara que está de acuerdo con cualquier manifestación o lucha social, y es ahí donde las autoridades deben atender esos problemas sociales que no se han solucionado.
“Todo arte es subjetivo, el arte es confrontativo. Ningún artista está exento de lo que pase con ello, con su obra o cómo es interpretada, como muchos la hacen suya, de alguna manera. La verdad es que es algo muy curioso”.
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Dice que un día antes recibió una llamada de la Secretaría de Cultura para, a la mañana siguiente, hacer un video con el alcalde Felipe Macías con los otros artistas que participaron en la intervención.
“Dos horas después me hablan para decirme que el balón ya había sido vandalizado. En ese momento me enojé, porque ya me habían quitado mis cinco minutos de fama. Pero bueno, unas por otras, al final de cuentas.
Obviamente, ya no fui porque yo no quería hablar de mi balón todo rayado. En ese momento estaba confundido, no sabía qué había pasado. Como que uno no sabe qué onda y necesitaba cierto tiempo y distancia para asimilar las cosas. Desde ese día yo recibía muchos mensajes. Estuve hasta las 3 de la mañana atendiendo, recibiendo mensajes por estas chicas que se las llevaron a los separos. Y me decían que me pronunciaba a su favor”, narra.
Agrega que se preocupó por las jóvenes detenidas, pero pudo averiguar que serían dejadas en libertad en ocho horas.
“Yo les decía que para las siete de la mañana ya iban a estar libres. Pero sí, sentía que actuaban o me exigían a mí como si las fueran a llevar a Lecumberri o Almoloya, a Israel o algo así. Hubo una exigencia a mi parte de posicionarme de su lado. Ahora, yo estoy de acuerdo con todas las luchas que ellas estaban haciendo. Igual no es que yo sea sionista o cuestiones así.
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Pero para ellas yo ya era la cara del PAN, o la cara del conservadurismo. Cuestiones así, sin conocerme antes. Sí es difícil que la gente busque tu postura. No sólo eso, que te traten de intimidar públicamente”.
Comenta que no cedió a las presiones de hacer un posicionamiento a favor de las dos mujeres que vandalizaron su trabajo. “Yo les decía que se imaginaran que el gobierno me estuviese intimidando en privado o públicamente, o me forzara a dar una postura, que saliera a decir que fue un vandalismo o que fue algo así, cosas que no pasaron. Se vería súper mal. Se vería súper mal que el gobierno me forzara, me intimidara para formar o alinearme a una postura.
Lo mismo del otro lado. Porque del otro lado no se vería mal. Tú no puedes forzar a nadie ni públicamente y menos intimidando a que se alinee a cualquier postura. Hubo gente que me escribía en privado, en el chat. Y la verdad era muy curioso porque empezaban con mensajes, no quiero decir de odio, pero sí posturas muy groseras. Y al final acababan agradeciéndome por hacerlos cambiar de conciencia”.
Al final borraron las leyendas que pusieron, pero al hacerlo también borraron partes de la obra. “Yo quise hacer una obra, a mí nunca me dijeron qué hacer ni cómo hacer. Obviamente hubo libertad creativa. Quizás lo que sí podría reprocharle al municipio es que no nos pagaron por las obras.
Entonces sí fue un trabajo gratuito. Donde sí le invertimos demasiadas horas y pues ni modo. Pero bueno, uno accede y uno con gratitud afronta el trabajo”.
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La sociedad actualmente es blanco y negro, no hay tonos de grises, se está a favor o se está en contra. Diego asiente.
Subraya que “en términos futbolísticos, ya todos somos David Faitelson. O sea, no hay medias tintas. Entonces yo creo que ante todo debe haber respeto y siempre hay que entender que el mundo no es una moneda, donde tienes dos caras”
Agrega que él es un artista partidario de que el arte debe abordar los temas en los que está inmerso el artista. Añade que él no puede necesariamente hablar de la guerra de Yemen o de la guerra de Palestina, pues no lo vive de cerca, pero hay otros temas que puede abordar por la cercanía.
“Hay situaciones que se tienen que abordar. El arte está para eso. Y lo que me encantó de todo esto es que pusiera sobre la mesa la tolerancia o la intolerancia o el fervor social y político que existe”, puntualiza.
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