Versa la frase popular “divide y vencerás” y con seguridad la derecha se lo ha tomado en serio a lo largo de la historia, inclusive me aventuro a señalar que ha sido su principal estrategia para alcanzar espacios donde se toman decisiones trascendentales para la sociedad. Muestra de esta estrategia y aclarando que es un punto de vista totalmente personal, quiero poner como ejemplo el pasado mundial de fútbol FIFA 2026, donde México compartió sede con Estado Unidos y Canadá, eso de compartir es maquillar lo sucedido porque prácticamente el país vecino del norte fue el que se quedó con la gran mayoría de los encuentros a pesar de que nuestro país por contrato firmado en el sexenio de Enrique Peña Nieto tuvo que tener consideraciones fiscales altamente bondadosas con la FIFA y diversas marcas involucradas con la justa mundialista, en el caso de Canadá al ser una nación con nula cultura deportiva relacionada con el balompié, los partidos otorgados fueron suficientes para sus contados aficionados.
Ante este escenario México supo aprovechar al cien por ciento los partidos que le tocaron jugar en territorio nacional, no solamente en cuanto a la asistencia al estadio, sino en cuanto a la derrama económica generada, la algarabía vivida en las calles de la ciudad y en particular en la hermandad generada entre mexicanos y mexicanas, a pesar de la campaña negra y de desprestigio que tenía como objetivo desgastar la imagen del gobierno mexicano. Curiosamente esta campaña de desprestigio fue encabezada por una serie de supuestos líderes de opinión, comentaristas y periodistas que se caracterizaron por mantener un silencio cómplice y sepulcral cuando en el sexenio “Peñanietista” prácticamente abrió las puertas de par en par a la FIFA con tal de contar con algunos partidos del mundial, esto sin importar que en un primer plano nuestro país lejos de ganar con la división de sede mundialista, terminaba perdiendo en el tema fiscal y en otros ámbitos de relevancia.
Hasta el momento el saldo mundialista para México es positivo, pero curiosamente se generó una oleada en redes sociales en donde el discurso de odio hacia otros países, en particular contra Argentina, fue lo que dominó el algoritmo en las diferentes plataformas virtuales. Esta tendencia pudiera observarse desde la trinchera exclusiva del fútbol y las pasiones que levanta, sin embargo, ubico que el discurso de odio en ambas direcciones tiene otro tipo de objetivos, más allá del deporte o la adrenalina que desborda el balompié. Comentarios vinculados con temas raciales, económicos, étnicos y sociales fueron mayoría frente a expresiones deportivas, esto no es casualidad cuando entendemos que el avance de la derecha en Latinoamérica es una realidad, casos como el de Abelardo de la Espriella en Colombia, Keiko Fujimori en Perú o José Antonio Kast en Chile, se suman a gobiernos como el del argentino Javier Milei o el de Nasry Asfura en Honduras.
Es de conocimiento público que los personajes mencionados han sido presuntamente apoyados de diferentes maneras por el gobierno de Estados Unidos encabezado por Donald Trump quien de manera abierta y sin máscaras ha emprendido desde hace tiempo una lucha contra la izquierda en Latinoamérica.Ante este escenario, me es imposible no relacionar esta campaña de “odio” entre naciones latinoamericanas bajo el pretexto del fútbol, porque al final del día, el ataque, la crítica no queda en la cancha o en las gradas, se va a temas vinculados con la situación económica de cada país, su cultura, su pasado, entre otros temas inclusive de mayor grado de delicadeza. Al final de la jornada lo que se refleja a través de las redes sociales, pocas veces es la realidad y el encono generado entre latinoamericanos este mundial, solo le sirve a la derecha y a Estados Unidos que utiliza como caballos de Troya a diferentes personajes cuyo compromiso no es con su pueblo, sino con los intereses del imperio.
Si bien podemos tener diferencias entre latinoamericanos, tenemos más cosas en común, no compremos el odio que nos venden, somos más fuertes unidos, dividir Latinoamérica es una estrategia colonial. Luchemos por una Latinoamérica unida, sólida, consciente y con memoria.
























