Lo que hace la mano, hace la tras, dice un viejo dicho. La semana pasada la agenda fue la foto de Morena con todos los aspirantes a ser candidato. Tocó ahora a Acción Nacional hacer un evento con una escenografía, un comunicado y fotografías para mostrar unidad.

Pero hay algo que llama la atención: La foto de unidad que ampliamente circuló no es de los aspirantes a gobernador. En el Instagram de la política no salieron juntos Felipe Fernando Macías, Luis Bernardo Nava, Agustín Dorantes ni Chepe Guerrero, sino Francisco Domínguez y Ricardo Anaya, tomados de la mano frente a un panismo pletórico y como testigos a Kuri, gobernador; a Jorge Romero, líder nacional del PAN; al primer gobernador blanquiazul, Ignacio Loyola; y al patriarca Diego Fernández de Cevallos.

Hay un fuerte símbolo en este evento y en esta foto. ¿Qué nos quiere decir? Primero se está construyendo un pacto de jefes de familia, así como la mafia, antes que un acuerdo entre los aspirantes. Es decir, ellos no deciden, deciden por ellos.

Lo cual nos lleva a preguntarnos si, en realidad, quienes van a mandar son estos jefes políticos que van a imponer sus reglas sobre quienes pretenden ser candidatos y, si estos van a obedecerlos sin chistar.

¿Qué tanto pesan los aspirantes a gobernar? ¿Quiere decir que el verdadero poder no está en ellos, sino entre los líderes de estas facciones políticas?

Los suspirantes quedan simbólicamente subordinados al acuerdo que haya entre las cabezas políticas de los grupos estatales de Acción Nacional. Y ésta es una contradicción, porque a Acción Nacional le gusta presentarse históricamente como un partido institucional.

Pero esta fotografía recuerda al pequeño priista que llevan dentro, como lamentó alguna vez Carlos Castillo Peraza; recuerda a las clásicas sucesiones políticas mexicanas, donde, antes de que las bases decidan, las élites se ponen de acuerdo sobre las reglas, vetos y condiciones de reparto de posiciones de poder.

En esta imagen es evidente que Mauricio Kuri queda como árbitro de los grupos, al ser la persona que está en el poder político estatal. Francisco Domínguez representa un ala política y Anaya representa otra; Diego Fernández, ya hemos dicho, es un patriarca simbólico; Loyola es la memoria del primer gobierno estatal de hace casi 30 años, cuando ganaron por primera vez en aquella elección histórica; Jorge Romero representa a la dirigencia nacional.

Es una reunión de familias al estilo de la mafia o, si lo quieren decir en términos políticos, un consejo de notables. Los aspirantes a candidatos quedan opacados, cuando ellos son los que van a llevar el peso y ejercerán el poder.

Felifer, Luis Bernardo, Agustín y Chepe quedaron fuera de esa fotografía; sus jefes y maestros de la política ocuparon su lugar. Eso debería empezar a pesarles en campaña, sobre todo si alguno llega a ganar la gubernatura. En 2027 tendrán que responder quién ejerce realmente el poder.

Periodista y sociólogo. @viloja

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