El saludo

Querida “República”: en ocasiones, todos deberíamos sacar a la heroína o al héroe que llevamos dentro para ayudarte. Y no hablo de esos semidioses de la mitología antigua, como Hércules o Aquiles, capaces de realizar proezas extraordinarias. Hablo, al menos, de recuperar algunas de aquellas virtudes que nuestro imaginario colectivo atribuía a los héroes y convertirlas en armas para protegerte ante las amenazas que hoy te acechan.

El mensaje

Las principales causas que debemos proteger en “La Cosa Pública” están bajo amenaza: la vida humana, la verdad, la libertad, la naturaleza, la democracia y el bien común son solo algunas de ellas.

Día con día atestiguamos pasivamente cómo las fuerzas globales asaltan el orden mundial que alguna vez conocimos; las ideologías sucumben, los autoritarismos llevan mano y el respeto a la ley y las instituciones parece quedarse huérfano. Tampoco abundan quienes verdaderamente aboguen por el consenso, la cooperación y el entendimiento entre los países.

Mientras tanto, la inteligencia artificial transforma, para bien y para mal, nuestra manera de producir, pensar, comunicar, relacionarnos y vivir, a una velocidad que apenas alcanzamos a comprender.

Queda claro que las espadas y los escudos utilizados por los guerreros del medioevo ya no son nuestras herramientas; tampoco lo son las verdades absolutas. Pero sí podemos recuperar algo del espíritu de aquellos héroes: la capacidad de encontrar significado en nuestra existencia, pensar libremente y mantener el intento continuo por superarnos.

Quizá nuestra mejor “espada” y también nuestro mejor “escudo” en “La Cosa Pública” sea replantearnos nuestro “ser ciudadano”; evolucionarlo desde la humildad, o al menos intentarlo.

Porque la única posibilidad de volvernos ciudadanos competentes, en el mundo en que vivimos, es asumiéndonos como aprendices permanentes. Es combatiendo la aceleración con reflexión; las prisas con calma; la descalificación con argumento; el arrebato con sentido común; la improvisación con amor al proceso; y el desenfreno colectivo con congruencia individual.

El heroísmo que hoy nos corresponde, quizá sea aprender a “nadar contra corriente”. A no repetir una mentira, porque muchos la repiten. A no publicar nuestras vidas u opiniones, porque otros lo hacen. A no justificar lo injustificable, porque lo hace alguien de nuestro lado. A no renunciar al criterio propio, para sentirnos parte de la mayoría.

La despedida

Querida República: tal vez nuestro combate no consista en conquistar grandes batallas; sino en no abandonar esas pequeñas luchas cotidianas que mantienen viva la libertad, la verdad y la posibilidad de convivir en un solo México.

La firma

Tu amigo: “El Discursero”.

P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.

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