El saludo
Querida “República”: tú sabes mejor que nadie que cuando el poder se incomoda, suele aparecer la tentación de controlar la conversación en “La Cosa Pública”.
Ahora que está en marcha la consulta pública sobre los derechos de las audiencias, promovida desde “el oficialismo”, vale la pena preguntarnos: ¿dónde termina la defensa de los derechos de las audiencias y dónde comienza la tentación de controlar lo que la sociedad escucha, ve y piensa?
El mensaje
¿Las audiencias necesitamos que alguien nos acompañe para estar “adecuadamente informadas”?
¿Existe alguna autoridad con suficiente criterio para decirnos qué debemos escuchar o dejar de escuchar los ciudadanos?
¿Te parece lógico que esa autoridad se la otorguemos precisamente a quien tiene la obligación de rendirnos cuentas?
Y, sobre todo, ¿quién defenderá a las audiencias cuando sea el propio gobierno el que difunda información falsa?
A pesar de las preocupaciones expresadas por distintos sectores de la sociedad, desde el poder aseguran que no se trata de censura, sino de fortalecer el derecho a una información veraz, exigir la corrección de información falsa y promover la “autorregulación” de los medios.
Pero en medio de esta discusión estamos dejando de mirar el problema de fondo. No se trata solamente de determinar si habrá o no censura formal; tampoco de discutir quién tiene razón en esta disputa. El problema es mucho más profundo: se empieza a normalizar la idea de que los ciudadanos necesitamos que alguien nos diga cómo informarnos.
Sigilosa o descaradamente, desde “el oficialismo” se desliza la idea de que la sociedad necesita ser conducida “correctamente” en el acceso a la información; como si no tuviéramos criterio propio para contrastar versiones, cuestionar intereses, cambiar de canal de televisión, dejar de escuchar una estación de radio, bloquear una cuenta en redes sociales o, simplemente, sacar nuestras propias conclusiones. Tenemos derecho a equivocarnos, a cambiar de opinión, a desconfiar de un medio, a desconfiar del poder, a escuchar distintas versiones y a decidir por nosotros mismos qué información merece nuestra confianza.
“Si quisiéramos censurar, ya lo hubiéramos hecho, porque están los instrumentos”, señaló la Presidenta Sheinbaum. Quizá refiriéndose a esos mismos instrumentos de poder que hoy permiten al “oficialismo” avanzar sobre instituciones que durante años funcionaron como contrapesos; quizá revelando una tentación difícil de resistir desde el poder.
La despedida
Querida República: desde “el oficialismo” hoy dicen que no quieren censurar las redes sociales, ni los medios de comunicación. ¿Les crees? Si decides expresar tu opinión sobre este asunto, no olvides subrayar que es a título personal.
La firma
Tu amigo: “El Discursero”.
P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.
























