El saludo
Querida “República”: en “La Cosa Pública”, los errores por omisión trascienden los colores partidistas y tienen grandes costos políticos y sociales.
El mensaje
¿En qué estaba pensando el secretario de Educación, Mario Delgado, al subir un mensaje a redes sociales anunciando que la presidenta de México les mandaba “un dinerito” a casi 10 millones de niñas y niños de escuelas primarias públicas?
“Ya cayó el dinerito que les manda la Presidenta”, para útiles, uniformes o para poder comprar un buen libro, celebra el secretario, sin ningún tipo de recato.
El problema no es solamente la desafortunada expresión. Lo preocupante es la manera en que se presenta un recurso público como si fuera un regalo personal de quien gobierna. Justo ahora que el gobierno de México se asume como el principal protector de las audiencias ante las mentiras y la manipulación informativa, convendría empezar por cuidar la forma en que comunica sus propios programas.
Porque ese dinero no salió del patrimonio personal de la Presidenta. Los 2 mil 500 pesos entregados a millones de estudiantes mediante la Beca Rita Cetina son recursos públicos, provenientes del Presupuesto de Egresos de la Federación; son de todos y para todos.
Personalizar un programa social no es un asunto menor. Cuando el gobierno convierte una obligación institucional en un supuesto gesto de generosidad personal, el error deja de ser solamente de comunicación y se convierte en un asunto que merece ser investigado.
Y entonces surgen varias preguntas: ¿dónde está el árbitro que debería investigar estas acciones?, ¿por qué el INE y los OPLES permanecen omisos mientras políticos de todos los colores hacen proselitismo e incurren en actos anticipados de campaña?, ¿y por qué los partidos políticos se niegan a renovar las reglas electorales en el Congreso de la Unión?
El problema ya no es solamente que algunos manipulen la verdad o quieran adelantarse a los tiempos electorales, sino que la omisión termina convirtiéndose en una especie de permiso. Si nadie investiga, si nadie sanciona y si las reglas pueden esquivarse sin consecuencias, la ley deja de ser un límite y se convierte en una sugerencia.
Mientras esto sucede, en el imaginario colectivo persisten frases como “no me vengan con ese cuento de que la ley es la ley”, del expresidente López Obrador, o “no cumplas con la norma”, de la presidenta Sheinbaum. Frases que enarbolan la peligrosa idea de que las reglas pueden cumplirse cuando conviene y omitirse cuando estorban.
La despedida
Querida República: recuerda que cuando quienes deben hacer cumplir la ley deciden no verla, y quienes debemos exigirla preferimos mirar hacia otro lado, el error se convierte en costumbre.
La firma
Tu amigo: “El Discursero”.
P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.
























