El saludo

Querida “República”: las partes del continuo suelen unirse de manera natural. Pero, desde el espectro de “La Cosa Pública”, más bien parecen yuxtapuestas. La realidad, en todo caso, evidencia múltiples escisiones.

El mensaje

Quienes atendieron el segundo informe de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, escucharon un discurso de continuidad.

Uno que insiste en que México sigue avanzando con “prosperidad compartida, independencia, libertad y dignidad”.

Un discurso que vuelve a ofrecer una lectura de indicadores favorables y una descripción del país muy distante de la realidad.

Y, por supuesto, un mensaje que mantiene la “autoridad política y moral” con la que, desde hace ocho años, se autorretrata la llamada “4T”. Como señaló la propia Presidenta desde Palacio Nacional: “tenemos la responsabilidad histórica de garantizar el camino de la honradez y de un gobierno que esté al servicio del pueblo”.

Ese “camino de la honradez” fue y sigue siendo cuestionable, por decir lo menos.

Cómo olvidar que, al asumir el poder, el entonces presidente López Obrador aseguró que no aumentaría la deuda pública: “no gastaremos más de lo que ingrese al erario, a la Hacienda Pública”, señaló. Desde entonces, la deuda ha aumentado en más de nueve billones de pesos; es decir, prácticamente se duplicó en ocho años. ¿Falta de honradez?

Mientras tanto, los ciudadanos seguimos subsidiando obras faraónicas e impagables, empresas públicas del Estado mexicano con pérdidas cuantiosas y proyectos poco rentables; por más que la Presidenta asegure que evolucionan conforme a lo planeado.

¿O cómo entender que la propia Presidenta señalara que los recursos públicos ya no se utilizan para excentricidades y lujos? “Eso terminó con la llegada de la Cuarta Transformación, y lo digo claro: debe continuar de esa manera”, afirmó al presentar su segundo informe.

Lo dice mientras cada semana atestiguamos excesos visibles y documentables: fiestas, viajes, vuelos privados y residencias de lujo. Observamos vidas muy por encima de los ingresos conocidos y del relato oficial. De nuevo, ¿falta de honradez?

Lo cierto es que este discurso de continuidad responde a una lógica bastante simple: “el oficialismo” sabe que el control de la narrativa y de las lealtades sigue en sus manos ante la escasa auditoría de las cifras del gobierno, una oposición extraviada y una ciudadanía que se conforma con recibir dinero público a nombre del partido gobernante.

La despedida

Querida República: la continuidad del segundo piso está garantizada en el discurso; las fracturas, en la realidad. Y los ciudadanos podemos seguir llamándonos al engaño. ¿También padeceremos falta de honradez?

La firma

Tu amigo: “El Discursero”.

P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.

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