Una de las encuestas que considero más importantes sobre el uso de tecnología en México suele pasar casi desapercibida. Pocos documentos explican con tanta claridad hacia dónde se está moviendo el país como la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) que el INEGI publicó la semana pasada.

A simple vista, los datos parecen una buena noticia. México alcanzó los 104.9 millones de usuarios de internet, equivalentes al 86.1% de la población. El acceso continúa creciendo, particularmente en las zonas rurales, donde el porcentaje de usuarios pasó de 68.5% a 75.2% en apenas un año.

Pero quizá la verdadera historia ya no sea cuántos mexicanos están conectados. La pregunta relevante es qué tan útil resulta esa conexión para mejorar sus oportunidades de vida.

Durante años hablamos de la brecha digital como un problema de acceso. La imagen era sencilla: quienes tenían internet y quienes no. Hoy la realidad es más compleja. México está entrando a una nueva etapa donde la desigualdad digital ya no depende únicamente de estar conectado, sino de lo que se puede hacer con esa conexión.

Los datos ofrecen algunas pistas. Mientras 93% de los usuarios utiliza internet para comunicarse y prácticamente todos acceden mediante un teléfono inteligente, apenas 37.3% realiza compras en línea y solamente una tercera parte utiliza servicios en la nube. Más revelador aún: solo 44.7% de los hogares cuenta con una computadora.

Mientras empresas como NVIDIA acaban de lanzar computadoras con capacidades de IA integradas de manera local, la diferencia entre tener acceso básico a internet y contar con herramientas para crear, programar, analizar datos o desarrollar soluciones tecnológicas será cada vez más determinante.

La computadora sigue siendo la herramienta fundamental para estudiar programación, diseñar, investigar, emprender o participar en los empleos mejor remunerados de la economía digital. La brecha digital del futuro probablemente no estará entre quienes tienen internet y quienes no. Estará entre quienes utilizan la tecnología para consumir y quienes la utilizan para crear.

Cuando se cruzan los resultados de la ENDUTIH con ejercicios como el Índice de Competitividad Urbana del IMCO o diversos indicadores educativos y económicos, surge un patrón interesante: las regiones con mayores capacidades productivas suelen ser también las regiones con mayor adopción y aprovechamiento tecnológico. La tecnología no está sustituyendo las ventajas competitivas tradicionales; las está amplificando.

Por ello, la discusión sobre conectividad ya no puede limitarse a instalar infraestructura. Debe incorporar educación digital, formación de talento y acceso a herramientas productivas.

La ENDUTIH no mide solamente conexión a internet; mide qué tan preparados estamos para participar en una sociedad, una economía y un gobierno cada vez más digitales.

Mientras la inteligencia artificial, la automatización y la transformación digital avanzan, el verdadero desafío ya no será conectar al país. Será asegurar que esa conexión se traduzca en oportunidades reales para todos.

Rubén Galicia

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