Hay frases que duran menos que un video en redes, pero retratan una forma de hacer política. “Dos mil 500 pesos que les manda la Presidenta”, dijo Mario Delgado al anunciar la dispersión de la Beca Rita Cetina para útiles y uniformes. Y de pronto el erario adquirió rostro, apellido y vocación de aplauso.
La frase no es un simple tropiezo verbal. Es una pequeña clase de comunicación política: convertir un derecho financiado por los contribuyentes en un obsequio personal de quien ocupa Palacio Nacional. Como si cada depósito saliera de la cartera presidencial y llegara a las familias con una dedicatoria personalizada.
El dinero público no funciona así. No es una remesa privada ni una dádiva familiar de la mandataria. Es presupuesto aprobado, recaudado y administrado por el Estado. La Beca Rita Cetina puede defenderse por su propósito —evitar que niñas, niños y adolescentes abandonen la escuela por falta de recursos—, pero no necesita presentarse como milagro personal de ningún funcionario.
La reacción posterior de Delgado confirmó que algo había salido mal. Después de la polémica, explicó que se trata de la convicción de la Presidenta de entender la educación como un derecho. La precisión es bienvenida, aunque llega cuando la frase original ya hizo carrera.
Según los datos difundidos por la SEP, el programa alcanza a millones de estudiantes: 4.3 millones con la beca Benito Juárez, 5.6 millones con Rita Cetina para secundaria y casi 10 millones con el apoyo para útiles y uniformes. Son cifras relevantes y deberían comunicarse con seriedad, no como si el gobierno repartiera monedas desde un balcón.
Usuarios de redes, ciudadanos de a pie, ya acusaron de la evidente propaganda personalizada. Pues no es una discusión menor. Cuando un servidor público atribuye a una persona el dinero que pertenece a todos, se desdibuja la frontera entre política pública y promoción personal. Los programas sociales son derechos ciudadanos, no propiedades del poder en turno.
La educación merece algo mejor que un crédito personal: presupuesto, reglas claras, evaluación y resultados.
Si el gobierno quiere presumir la beca, que presuma su alcance. Si quiere defenderla, que explique su impacto. Pero que no la envuelva en papel de regalo presidencial. Cuando el dinero de todos se anuncia como favor de una sola persona, la pregunta no es quién manda el depósito, sino quién se quiere quedar con el aplauso.
























