El saludo

Querida “República”: hay derrumbes que ocurren de golpe y otros que comienzan mucho antes de que podamos verlos. En “La Cosa Pública”, los derrumbes rara vez empiezan cuando caen las estructuras; primero aparece una grieta, después otra, hasta que un día aquello que parecía sólido se viene abajo.

El mensaje

Los sistemas políticos también crujen.

Lo hacen cuando necesitan explicar demasiado lo que sucede; cuando la propaganda pretende sustituir a los resultados; cuando una narrativa necesita enemigos permanentes para mantenerse en pie y cuando reconocer un error se vuelve más peligroso que cometerlo.

Pero sería demasiado cómodo pensar que el único “edificio” que necesita revisión es el del gobierno.

En las sobremesas discutimos mucho sobre el deterioro de nuestras instituciones, pero pocas veces hablamos del deterioro de nuestra ciudadanía. Pasamos demasiado tiempo explicando aquello que debe caer y muy poco imaginando aquello que debería levantarse.

Nos acostumbramos a pensar que México es responsabilidad de quienes gobiernan. Que nosotros solamente aparecemos cada tres años para votar, quejarnos o abstenernos; y que después podemos regresar tranquilamente a nuestras casas mientras alguien más se ocupa del municipio, del estado o del país.

Es cierto que hoy México necesita el derrumbe de muchas cosas; comenzando por las estructuras de corrupción y complicidad criminal que han echado raíces en buena parte de su sistema político.

Pero también debemos derrumbar la idea de que el gobierno puede resolverlo todo; la del ciudadano que exige, pero no participa; la comodidad de pensar que la política pertenece exclusivamente a los políticos; e, incluso, nuestra resignación frente a aquello que creemos imposible cambiar.

Lo cierto es que las ideas no se derrumban solamente demostrando que son equivocadas; hay que ser capaces de sustituirlas por otras mejores.

Gracias a nuestra memoria histórica, y al legado de muchas y muchos mexicanos, sabemos que un derrumbe no necesariamente significa el final; también puede ser el principio.

La despedida

Querida “R.”: así como hay estructuras que deben caer, para descubrir que sus cimientos estaban podridos; también hay ideas que debemos abandonar, para poder imaginar otras.

La pregunta no es solamente qué debemos derrumbar del México que tenemos. La pregunta verdaderamente importante es qué México estamos dispuestos a construir.

La firma

Tu amigo: “El Discursero”.

P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.

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