Los parásitos tienen una característica: no producen nada. Viven del esfuerzo ajeno. Se adhieren a un organismo fuerte, se alimentan de él.
En política ocurre lo mismo. Mientras un partido prospera, ellos —sin ningún mérito propio— engordan.
Morena es hoy el organismo político más poderoso del país.
En 2018, Andrés Manuel López Obrador obtuvo 30 millones de votos (53.19% de la votación).
Durante su sexenio, Morena llegó a gobernar 24 de los 32 estados. La coalición Juntos Haremos Historia ganó 220 de los 300 distritos federales y alcanzó la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. La 4T y sus aliados gobernaron cerca de 500 municipios. Hoy han perdido la mitad.
Con semejante capital político era posible llevar al poder a cualquiera. Eso fue exactamente lo que ocurrió.
Su fuerza electoral arrastró al poder a personajes que difícilmente habrían ganado una elección por méritos propios. La marca hizo el trabajo; ellos (sin vergüenza) se colgaron de ella.
Después de ocho años, el desgaste de gobernar los muestra como realmente son.
El movimiento que prometió acabar con “la mafia del poder” enfrenta acusaciones que golpean el corazón de su discurso. El llamado huachicol fiscal exhibió una gigantesca red de evasión. La Procuraduría Fiscal estimó un daño potencial de 600 mil millones de pesos.
Durante el sexenio de Andrés Manuel, alrededor de ocho de cada diez contratos federales se adjudicaron sin licitación pública (MCCI, México Evalúa, IMCO), alcanzando un monto de 140 mil millones de pesos.
Los escándalos de corrupción no pudieron ejecutarse sin la complicidad y corrupción de gobernadores, legisladores y funcionarios de primer nivel.
La impunidad dejó de ser una crítica al pasado para convertirse en un problema del presente.
Las obras emblemáticas del obradorismo tampoco resistieron la prueba anticorrupción. El Tren Maya y la Refinería Olmeca triplicaron su valor, salpicando de corrupción hasta a miembros del Ejército.
La factura comenzó a reflejarse en las urnas. Morena perdió terreno municipal en Veracruz y Durango; en Coahuila fue derrotado en los 16 distritos locales.
Morena, como sea, con un billón de pesos en ayudas sociales anuales, es hoy la principal fuerza política del país. Pero ya no es invencible.
En provincia, los parásitos morenistas no lo comprenden.
En municipios y colonias aparecen personajes que se sienten dueños del movimiento. Confunden la popularidad de un partido con el liderazgo propio, los programas sociales con patrimonio personal y la lealtad (de ese target social) con capacidad para gobernar.
No entienden que la gente nunca votó por ellos. Votó por una esperanza que hoy decepciona.
Los parásitos se autoengañan. Jamás aprendieron a caminar solos, a ganar solos ni a construir un patrimonio político propio.
Sólo saben vivir pegados al poder. Engañan y se engañan.
Son sólo parásitos políticos, pegados a una ubre que se seca.
@PedroPabloTR
























