La noche del domingo ocurrió algo que parecía imposible. Un dinosaurio regresó de entre los muertos y un partido que prometió refundarse, terminó hundiéndose. Coahuila dejó una de las lecciones políticas más importantes de los últimos años.
Mientras Morena presume ser la fuerza dominante de México, controlar el Gobierno federal y administrar la mayor estructura de programas sociales de la historia moderna, en el norte del país sucedió una rebelión política que merece ser observada con atención. El PRI, ese partido que muchos daban por acabado, arrasó en las urnas. Ganó los 16 distritos locales. Dieciséis de dieciséis.
La victoria resulta todavía más impactante cuando se observa el tamaño del adversario. El Gobierno federal invierte en Coahuila 16 mil 403 millones de pesos al año en programas sociales. Son casi 44 millones de pesos diarios. Los apoyos llegan a más de 934 mil beneficiarios. Sin embargo, Morena fue derrotado por más de dos a uno. La alianza PRI-UDC alcanzó el 55 por ciento de la votación, mientras Morena-PT apenas llegó al 26 por ciento.
La explicación simplista sería afirmar que ganó el PRI. La verdadera explicación es más profunda. Ganó la organización. Ganó la estructura territorial. Ganó una maquinaria política que muchos consideraban una reliquia del pasado y que terminó funcionando con una eficacia sorprendente. Mientras Morena confió en que los programas sociales serían suficientes para movilizar votos, el viejo dinosaurio hizo lo que ha sabido hacer durante décadas: recorrer colonias, cuidar casillas, activar liderazgos regionales y operar la elección con precisión quirúrgica.
Pero la otra gran historia de Coahuila es todavía más brutal. Hace apenas tres años, el PAN y el PRI ganaron juntos la gubernatura con una ventaja cercana a tres a uno. Tenían una alianza exitosa y una ruta competitiva. Sin embargo, los dirigentes panistas decidieron competir solos. El resultado fue devastador.
El PAN obtuvo apenas el 2.16 por ciento de la votación. Perdió el registro estatal. Movimiento Ciudadano alcanzó apenas el 1.96 por ciento y el Partido Verde el 2.60 por ciento. Los tres quedaron por debajo del umbral legal para conservar su existencia política local.
Por eso Coahuila deja dos mensajes rumbo a 2027. El primero para Morena: los programas sociales ayudan, pero no sustituyen la confianza ciudadana ni garantizan victorias electorales. El segundo para la oposición: sí es posible derrotar a Morena, incluso frente a una estructura federal respaldada por miles de millones de pesos.
La soberbia dividió a la oposición. La organización la salvó. Y el resultado demuestra algo que muchos habían olvidado: en política nadie muere para siempre. El domingo, el dinosaurio volvió a caminar, y se tragó de un bocado, a los inocentes que prometieron refundarse y a los atascados que ganaron elecciones asociándose con la delincuencia.
Si se puede!
@PedroPabloTR
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