Cuando eres mamá o papá hay un impulso difícil de contener: querer comprarles todo a nuestros hijos.

Es natural, ya que pocas cosas producen tanta satisfacción como verlos felices. Pero también hay momentos en los que el presupuesto no alcanza o en los que aquello que hoy parece indispensable no es más que un deseo pasajero.

Por eso aprender a decir "no" también forma parte de la crianza. No solo porque implica poner límites, sino porque representa una de las primeras lecciones de educación financiera que podemos darles. Detrás de cada compra hay horas de trabajo, decisiones, prioridades y, muchas veces, renuncias.

Sin embargo, en México seguimos creyendo que la educación financiera comienza cuando un adolescente abre su primera cuenta bancaria o recibe su primera tarjeta de débito.

Nada más lejos de la realidad. Empieza mucho antes, cuando un niño comprende que el dinero no aparece por arte de magia, que los recursos son limitados y que elegir una cosa casi siempre significa renunciar a otra.

La educación financiera se aprende, sobre todo, en casa. Los hijos observan mucho antes de entender conceptos como ahorro o inversión.

Aprenden cuando escuchan decir "no alcanza", cuando ven compras impulsivas, cuando descubren que las vacaciones se pagarán a meses sin intereses; pero también cuando los adultos comparan precios, hacen un presupuesto o aceptan que una compra tendrá que esperar.

Nuestros hábitos educan mucho más que nuestros consejos, y el regreso a clases ofrece un ejemplo perfecto. Para muchas familias representa la primera gran decisión financiera del segundo semestre del año.

Según la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), el costo del regreso a clases para un estudiante puede superar los 10 mil pesos, considerando útiles, uniformes, calzado, mochilas y otros gastos escolares. Para miles de familias se trata de uno de los desembolsos más importantes del año.

La pregunta, entonces, no es únicamente cuánto cuesta enviar a un hijo a la escuela, sino qué oportunidad estamos dejando pasar para enseñarles cómo se toman las decisiones financieras.

Muchas veces queremos proteger a nuestros hijos de las preocupaciones económicas. Y hacemos bien. pero también debemos protegerlos de la ignorancia financiera: explicarles que el dinero implica esfuerzo, que los recursos son limitados, que elegir significa renunciar y que ahorrar no consiste en guardar lo que sobra, sino en decidir qué es realmente importante.

Quizá la mejor herencia que podamos dejarles sea algo mucho más sencillo y valioso: enseñarles que el dinero no compra tranquilidad, pero aprender a administrarlo sí ayuda a conservarla. Los hijos no necesitan saber cuánto ganamos; pero sí necesitan entender, por su bien, cuánto cuesta vivir.

@finanzasentacon

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