“México no será nunca colonia ni protectorado de nadie. México no se doblega, no se arrodilla y México nunca se vende”, palabras pronunciadas por la presidenta Sheinbaum durante el desfile cívico militar del pasado 16 de septiembre.
Dos días después la presidenta también señalo: “Ningún país extranjero manda, nadie decide por nosotros, solo el pueblo” y reconoció que tenemos problemas al manifestar: “¿Que tenemos problemas? Sí tenemos problemas, nadie dice que no, todos los países tienen problemas, todos. Pero aquí los problemas los resolvemos las y los mexicanos, eso se llama independencia y soberanía nacional”.
Como se podrá observar, el discurso de la presidenta está impregnado de una alta dosis de nacionalismo. La insistencia en la soberanía tiene, además de su contenido político frente al exterior, un evidente potencial electoral: apela a un sentimiento que compartimos prácticamente todos los mexicanos, el amor y la defensa de nuestro país.
Por ello vale la pena preguntarnos si estamos ante lo que podría convertirse en uno de los ejes del discurso electoral de Morena rumbo a 2027: identificar a Morena y a su gobierno con la defensa de la soberanía nacional y, por contraste, presentar a sus adversarios como quienes no la defienden o incluso como quienes favorecen intereses extranjeros. Si así fuera, estaríamos frente a una estrategia políticamente muy rentable: transformar el patriotismo, que pertenece a todos los mexicanos independientemente de nuestras preferencias políticas, en una bandera electoral.
Por supuesto que todo mexicano -me incluyo- coincide con la presidenta y aspira a un México libre y soberano, a un México que no se doblegue ni que se venda ante cualquier nación y no solo eso, también que no se rinda ante cualquier grupo de poder al interior del país.
Por lo anterior y dadas las circunstancias por las que atraviesa el país vale la pena hacernos las siguientes preguntas: ¿Es México realmente libre y soberano, el Estado mexicano ejerce su soberanía en todo el territorio nacional?, y lo que también es muy importante: ¿el Gobierno de México ni se doblega ni se vende?
Desgraciadamente percibo que las cosas no son como aspiramos y que el Gobierno de México o esta doblegado y arrodillado ante el crimen organizado (CO), o ya forma parte de este -inclusive encabezándolo-, ya que dentro del territorio nacional existen lugares o actividades donde actores criminales imponen su ley. Por ejemplo: El CO cobra derecho de piso como si fuera otro impuesto en prácticamente todo el país.
Por eso, cuando escucho que “México no se doblega, no se arrodilla y nunca se vende” me siento engañado. Quisiera que esas palabras se convirtieran en realidad no solo frente a cualquier gobierno extranjero, sino también frente al crimen organizado. Mientras no sea así, el discurso patriotero presidencial, por bien intencionado que sea, no pasa de ser otro choro electorero y mareador.























