La situación más reciente que ha puesto al mundo en tensión, es decir, la guerra entre Estados Unidos de América (EUA) y la República Islámica del Irán, sigue dando nota y mucho análisis. Ahora, lo más relevante de la situación es que la tregua pactada entre los beligerantes se ha agotado tras no llegar a un acuerdo para finalizar el conflicto. Es lamentable, pero fue previsible, sobre todo por el limitado compromiso por ceder para un bien mayor. ¿Qué impactos genera este escenario?
El acuerdo de tregua entre EUA e Irán nació muerto. A decir verdad, ninguno de los dos agentes tenía la intención de ceder y ha expirado este lunes sin que nadie fingiera sorpresa o lamento alguno. Y es que en este panorama, difícilmente alguna de las partes aceptaría verse como la derrotada o la que sacó menos dividendos del enfrentamiento mutuo.
Todo pacto internacional exige un equilibrio entre la urgencia política de anunciar un logro y el tiempo que realmente requiere resolver los puntos que hunden sus raíces en décadas de desconfianza. El memorando de 14 puntos sacrificó lo segundo por lo primero. Un texto corto y ambiguo puede servir para detener una escalada, pero no para sostener un armisticio que debía resolver, entre otras cosas, la soberanía sobre uno de los pasos marítimos más estratégicos del planeta. Eso es algo que particularmente Washington no ha sabido entender.
Lo más inquietante no es que el memorando haya caducado, eso era previsible, como se mencionó arriba. Lo interesante es el lenguaje que se ha mostrado por la parte estadounidense a partir de su falta de vigencia. Amenazar con bombardear "sin piedad" a Omán, un país que, hasta donde se sabe, ha actuado como mediador y aliado, por el simple hecho de negociar con la otra parte, no es una estrategia de presión, sino la renuncia explícita a la diplomacia como herramienta.
Lo que muestra la reacción estadounidense es la fatiga y frustración por no conseguir lo que su líder creyó que podría conseguir fácil de Irán. Para nada iba a ser sencilla la victoria frente a un Irán que llevó décadas preparándose para un conflicto con su enemigo EUA. Pero eso es otra historia. Lo que sigue preocupando es la falta de humildad, claridad, conocimiento y voluntad por parte de la Casa Blanca para terminar este conflicto iniciado por nada más y nada menos que su actual inquilino.
Una vez más se puede observar que la falta de preparación resulta catastrófico para los gobiernos. Para Donald Trump, ceder en este momento sería lapidario. A escasas semanas para las elecciones de medio periodo, una derrota clara para EUA significaría más pérdidas de las que se proyectan en la Cámara de Representantes y en el Senado. Los errores del mandatario Republicano han costado mucho a la economía y a los bolsillos de la población estadounidense, por lo que nada sería más complicado para el presidente que evidenciar la derrota ante un país que, a su juicio, podría aplastar si quisiera.
Pero es sólo una cortina de humo que le hace ganar un poco de tiempo. El conflicto con Irán está lejos de terminar y lo que necesita ahora es aplazar el progreso, o bien, la derrota en la guerra. Ante tal necesidad, para Trump es mejor seguir mostrando que está haciendo algo, aunque no sea verdad, con tal de evidenciar una realidad para su base electoral. Por eso, por ahora, no hay manera de divisar el fin del conflicto.
Niels Rosas Valdez
Historiador e internacionalista
@NielsRosasV (X)
























