Hace poco Hungría sostuvo elecciones generales para renovar su parlamento y determinar al nuevo gobierno. Viktor Orbán, primer ministro en turno, y Péter Magyar, líder opositor, fueron las figuras principales de los comicios. ¿Qué impactos tiene esta nueva etapa?
Orbán es un conocido político que ha gobernado el país por 20 años, 16 de forma consecutiva. No es fácil desprenderse de líderes con tanta trayectoria, pero finalmente, así fue. Con 53% de los votos, Magyar logró vencer al primer ministro del que se pensó que sería difícil deshacerse. Con una votación de casi el 79% del padrón electoral, Hungría decidió dar nuevos aires en la máxima plataforma política de la nación.
Es así como las elecciones de Hungría han marcado un antes y un después en la historia del país de Europa del Este. Tras más de tres lustros consecutivos, Orbán estaba llevando alpaís a un entorno más conservador, autoritario y desgastante para la sociedad, alejándose de los estados de la Unión Europea (UE) y de lo que ésta atesora en principios y valores. Por ende, su derrota en las urnas invariablemente cambia el entorno social y político, tanto del punto de vista doméstico, como exterior, de una nación que estuvo secuestrada por una mano dura y difícil de conciliar.
Por años, en papel, Hungría fue parte de la UE sin realmente serlo en la praxis. Fue un estado que ingresó al conglomerado europeo de naciones en 2004, pero en los años posteriores, con la llegada de Orbán, su rol transitó de estado miembro a un disidente y escéptico de la cooperación internacional y de los esfuerzos colectivos dirigidos desde Bruselas. En cambio, bajo el liderazgo del primer ministro, Budapest se fue acercando más y más, año tras año a los tentáculos del Kremlin, convirtiéndose en un aliado cercano e invaluable de Vladimir Putin.
Ya no más. La derrota de Orbán supone cuatro impactos importantísimos. El primero es que Rusia precisamente pierde a un aliado de la UE como lo es Hungría. Ya será difícil encontrar a alguien en las instituciones centrales europeas que abogue por Moscú, lo que le restaría injerencia en el conglomerado europeo de naciones. El segundo, la victoria en las urnas de Magyar representa un próximo regreso del país húngaro al diálogo y cooperación con sus pares en Bruselas, lo que significaría no más retrasos ni obstáculos para los temas críticos y la agenda política de la Unión.
Asimismo, un tercer impacto recae en la narrativa de extrema derecha. Si bien hay muchas voces de extrema derecha en Europa, realmente hay pocas que se encuentran liderando países. Orbán era una de ellas, por lo que su próxima sustitución por Magyar significará que el ultraconservadurismo perderá un interlocutor de relevancia en el continente, dejando a la lideresa italiana como la expositora de mayor peso en la región.
Por último, los cambios son posibles sin importar lo complicado que parezca. Orbán se había apoderado del país y había realizado alteraciones significativas en la operación e instituciones del Estado, por lo que parecía que en él recaía todo el poder y que, por ende, sería imposible removerlo. Pero no fue así. La voz de la población se hizo escuchar a través de las urnas y ahora es una muestra de que los cambios son posibles, dejando un poderoso mensaje a las generaciones venideras en Hungría, pero también para todo el mundo.
Historiador e internacionalista
@NielsRosasV(X)
























