Hoy, 11 meses nos separan de las siguientes elecciones presidenciales de México. Serán los comicios más grandes de la historia del país y unos muy importantes para el futuro de una nación de más de 130 millones de habitantes. A pesar de que todavía faltan unos meses, en realidad no es mucho tiempo el que queda para este magno evento en la política mexicana.
¿Qué retos encontramos aún?
Así como las elecciones de 2018 representaron un hito en la historia de México, las del próximo año serán incluso más relevantes, grandes y seguidas por los mexicanos. Incluso en plena preparación de los partidos y potenciales candidatos, la atención es mayor cada semana que transcurre. Sin embargo, el camino evidencia retos, enredos que todavía no se han atendido.
Un tema de interés nacional tiene que ver justamente con la elección de las personas que aparecerán en las boletas presidenciales. Hoy en día, los partidos políticos ya han comenzado oficialmente con el proceso de selección de su candidatura para 2024, apresurando a sus militantes y allegados políticos a que incidan y apoyen en él. Cada grupo político ha estado obteniendo resultados diferentes.
En el caso del partido oficialista, la campaña política de los precandidatos comenzó hace unas semanas con una variedad de mítines, reuniones y visitas individuales de las llamadas “corcholatas” en distintos puntos del país. Es un interesante laboratorio, puesto que aquí se mide la movilización que hacen del electorado en todo México y el apoyo popular mínimo que tendrían de convertirse en el candidato o candidata por Morena.
Por otro lado tenemos a la oposición política del país, que nuevamente se encuentra en un enredo severo del que no ha podido escapar desde hace cinco años. Justo como pasó con Morena, por mucho tiempo se especuló quién podría abanderar la causa opositora contra el partido oficialista conducido por el Presidente. Sin embargo, poco progreso se tuvo al identificar con mucha facilidad la falta de liderazgo en las fuerzas de oposición.
Pero ahora que falta menos tiempo para el 2 de julio de 2024, resulta cada vez más riesgoso que la oposición no elija de una vez por todas a la candidatura que le represente para los comicios presidenciales. Recién comenzaron a señalar las reglas de la selección, pero no ha habido mucho interés de involucrarse por parte de las principales figuras opositoras, lo que podría representar un fracaso político, y eventualmente electoral, para los partidos que ya no están en el poder.
Por último, un reto lo cargará el INE. Su entrante dirección apenas lleva tres meses y llegará a los 14 para cuando se efectúen los comicios presidenciales. Es cierto que ya organizó dos elecciones gubernamentales de alta relevancia en el país: Coahuila y el Estado de México, pero las de junio de 2024 representan un reto inigualable para el organismo autónomo y su nuevo liderazgo. No hay que excluir la posibilidad de que reciba ataques a medida que nos acerquemos al día de las votaciones, sobre todo de políticos insatisfechos y que menosprecian a las instituciones democráticas. Ello significará un punto de suma atención también para la ciudadanía y su encargo de defender la democracia.
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