Cuando el talento nace en casa y forma parte de un lenguaje heredado por generaciones, el resultado suele ser extraordinario. Si desde la infancia se respira música clásica todos los días, entre ensayos, partituras y escenarios, es natural que surjan artistas de gran nivel.

Ese es el caso de la mezzosoprano Elba Flores, hija del reconocido director de orquesta José Guadalupe Flores y de la doctora, Cecilia Perfecto, integrante del Coro de la Universidad Veracruzana y catedrática de la Facultad de Música de la misma institución. Desarrollarse y crecer en ese entorno, con la música como forma de vida dio como resultado una artista de enorme capacidad que, a mi parecer, debería contar con un mayor reconocimiento dentro y fuera de nuestro estado.

Quien no haya escuchado aún a la maestra Elba Flores probablemente desconoce una de las voces más destacadas de la escena lírica actual.

Su relación con la música comenzó desde muy temprana edad. A los cuatro años tuvo un violín entre sus brazos, pero fue a los 12 cuando descubrió que su verdadera vocación estaba en el bel canto. Lo que para otros representa años de búsqueda, en ella fluyó de manera natural. A los 15 años inició un proceso de formación vocal más profesional, inspirada por grandes figuras de la ópera internacional como la mezzosoprano italiana Cecilia Bartoli, —con quien la compararían en un futuro y ella se sentiría feliz de esa comparación—, Elba cuenta con una extraordinaria técnica y empieza a ser reconocida por rescatar importantes obras del repertorio barroco, llevándolas a lugares poco convencionales, como lo son las iglesias, los museos, y casas de cultura de nuestro estado.

Por fortuna, desde muy joven sabía exactamente lo que quería. Solo necesitaba la guía adecuada. El maestro cubano de canto Juan Hugo Barrero Lastra y Laura Miller reconocieron en ella un talento excepcional y le brindaron el impulso necesario para desarrollar su carrera de manera profesional.

Durante esos años, Flores aprendió a construir personajes, interpretar emociones a través de la música y comprender diversos estilos vocales. Gracias al acompañamiento de maestros provenientes de distintas escuelas y tradiciones musicales, fue consolidando una formación integral que hoy la distingue como una artista completa.

Como ocurre con la mayoría de los intérpretes, sus primeros pasos se dieron en escenarios modestos; sin embargo, poco a poco comenzó a abrirse camino hasta que, en 2007, fue invitada a participar profesionalmente en La Traviata de Giuseppe Verdi, compartiendo escenario con cantantes de reconocimiento internacional y orquestas profesionales. Sin duda, la influencia y orientación de su padre, José Guadalupe Flores, fueron fundamentales en la construcción de su carrera artística.

En ese mismo año realizó su debut, bajo la dirección de la reconocida soprano y promotora operística María Katzarava, y más adelante participó en importantes producciones nacionales presentadas en espacios del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Actualmente desarrolla una intensa actividad artística vinculada a las artes en la Secretaría de Cultura del municipio de Querétaro.

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