Durante muchas generaciones, el papel de mamá y papá dentro de una familia estuvo bastante delimitado. Papá era, principalmente, el proveedor: trabajaba, sostenía económicamente a la familia y representaba una figura de protección. Mamá, en cambio, se encargaba del cuidado cotidiano de los hijos. Esto no significa que los papás fuera ausentes. Simplemente respondían a la estructura social y familiar esperada.

Si hoy observamos a la mayoría de las familias jóvenes, nos damos cuenta de que algo está cambiando. Cada vez es más común ver papás cambiando pañales, preparando biberones, llevando a sus hijos al pediatra, haciendo la rutina del baño o asistiendo a festivales escolares. Papás que saben a qué hora duerme su bebé, qué medicina le toca o que comida no le gusta. Tareas o actividades que durante mucho tiempo fueron consideradas casi exclusivamente responsabilidad de mamá, son ahora compartidas.

Parte de este cambio tiene una explicación práctica. Hoy, en muchas familias, ambos padres trabajan y la distribución de las responsabilidades necesariamente ha tenido que modificarse. Pero reducirlo únicamente a eso probablemente sería quedarnos cortos. También está cambiando nuestra idea de lo que significa ser papá. Para muchos, proveer sigue siendo importante, pero ya no suficiente. Estar presente en esas actividades que parecen pequeñas —dar de comer, consolar un llanto, preparar una mochila, acompañar una enfermedad, leer un cuento antes de dormir o repetir una rutina— genera un vínculo distinto.

¿Qué efecto tendrá esto en los niños que están creciendo hoy?

Probablemente todavía sea pronto para conocer la influencia de este cambio generacional. Sabemos que contar con cuidadores disponibles e involucrados favorece vínculos seguros y el desarrollo emocional durante la infancia. Además, probablemente los niños aprenderan de una forma distinta qué significa ser hombre, mujer, mamá, papá y pareja. Un niño que crece viendo a su papá cocinar, cambiar pañales o consolar y a mamá trabajar, tomar decisiones y desarrollarse profesionalmente recibe un mensaje diferente sobre cómo pueden distribuirse el cuidado y las responsabilidades.

Tal vez dentro de algunos años podamos medir mejor el impacto de esta transformación. Por ahora estamos observando cómo cambia, poco a poco, la definición de paternidad. Nuestros padres y abuelos demostraron amor de acuerdo con las herramientas y expectativas de su generación. Muchos lo hicieron trabajando largas horas para que a sus hijos no les faltara nada. Los papás de hoy están agregando otra dimensión a ese legado. Y quizá esa sea una de las transformaciones familiares más interesantes de nuestra generación.

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