Hay tradiciones que se observan y otras que se viven. El Día de Muertos pertenece a la segunda categoría. No basta con mirar una fotografía de un altar, contemplar el naranja de las flores de cempasúchil o admirar una catrina iluminada en medio de una plaza. Para comprenderlo hay que caminar entre las ofrendas, escuchar las historias de las familias, probar el pan de muerto y entender que, en México, recordar a quienes ya no están es también una manera de celebrar la vida. Quizá por eso, cada año, viajeros de distintas partes del mundo hacen coincidir sus vacaciones con los últimos días de octubre y los primeros de noviembre. Buscan una experiencia que difícilmente puede reproducirse en otro lugar: una celebración en la que la muerte no se esconde, sino que se incorpora a la memoria colectiva, la gastronomía, el arte y la convivencia familiar. Y esa singularidad está convirtiéndose en uno de los grandes activos turísticos de nuestro país. Un análisis de Amadeus Travel Intelligence encontró que las llegadas aéreas nacionales e internacionales a Ciudad de México y Oaxaca aumentan 32 por ciento durante la semana del 27 de octubre al 2 de noviembre, frente a la semana inmediatamente anterior. Las llegadas internacionales a ambos destinos crecen 22 por ciento respecto al año pasado. No se trata solamente de una tradición que conserva su fuerza entre los mexicanos: también está impulsando viajes desde el extranjero. ¿Dónde se concentra ese interés? Michoacán ocupa un lugar fundamental con La Noche de Ánimas, las velaciones y las ofrendas de las comunidades purépechas que han convertido a la región del lago de Pátzcuaro en una referencia internacional de esta celebración. Oaxaca es otro de los grandes protagonistas. La capital y sus alrededores atraen a viajeros interesados en los altares, las comparsas, los mercados, la gastronomía y las expresiones comunitarias que distinguen a la entidad. Para la temporada del 26 de octubre al 3 de noviembre, las autoridades oaxaqueñas estiman la llegada de 86,900 turistas nacionales y extranjeros, además de una agenda de más de 100 actividades.

La Ciudad de México juega en otra escala. Su desfile de alebrijes, las ofrendas monumentales, las actividades en el Centro Histórico y la celebración de San Andrés Mixquic convierten a la capital en una puerta de entrada para quienes desean combinar patrimonio, gastronomía, museos y vida urbana. Puebla también merece atención. En Chignahuapan, el Festival de la Luz y la Vida celebra su trigésima edición con una representación del camino hacia el Mictlán sobre la laguna.

Queridos lectores, México tiene algo que muchos destinos buscan y no pueden fabricar: autenticidad cultural. El Día de Muertos no nació como una estrategia de marketing, aunque hoy sea una poderosa herramienta de promoción. Su valor turístico proviene precisamente de que conserva un significado que va mucho más allá del consumo: la memoria, la familia, la pertenencia y la manera particular en que nuestra sociedad se relaciona con la ausencia. En una industria internacional donde muchos lugares compiten por ofrecer experiencias cada vez más espectaculares, México tiene la posibilidad de demostrar que una de las experiencias más memorables no necesita inventarse. Necesita protegerse, comprenderse y compartirse con responsabilidad.

Periodista y conductora

Premio Internacional de Periodismo Turístico 2022

Otorgado por la OMPT

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