Faltan más de diez meses para las elecciones, pero en Querétaro llevamos años sufriendo un bombardeo eterno que busca fijar en nuestras retinas las caras de los suspirantes a suceder a Mauricio Kuri en la gubernatura. Desde la zona metropolitana hasta los rincones más alejados de la Sierra, bardas, lonas y espectaculares se han cubierto con las fotos y nombres de las mal llamadas "corcholatas".

No es una exageración. El IEEQ realizó una investigación para documentar las lonas, anuncios y llamadas a celulares atribuidas al senador Agustín Dorantes, lo que lo obligó a presentar un escrito deslindándose de esa publicidad, atribuyéndola a personas desconocidas. Lo mismo ocurrió con el ex-panista Armando Rivera, hoy de Movimiento Ciudadano, quien negó haber ordenado la renta de los espectaculares que "lucieron" su imagen por toda la capital queretana. En el caso del alcalde panista, “Felifer” Macías, se han iniciado diversos expedientes judiciales por denuncias ante autoridades electorales por el uso indebido de su imagen y por hacer promoción personal en redes sociales y espacios públicos.

A ello hay que sumar otros nombres que ya vemos hasta en la sopa, entre ellos el del presidente municipal de Corregidora, el panista Josué Guerrero, quien instrumentalizó la llamada "Ley Chepe" para promocionar su imagen en distintos medios y espacios públicos dentro y fuera de su municipio. A este goteo incesante de publicidad también han recurrido Ricardo Astudillo del PVEM y Paul Ospital de MC. Investigaciones de diversos medios de comunicación han reportado las actividades, recorridos y material promocional con el nombre de ambos en distintos puntos del estado.

La pregunta obligada es ¿quién financia las interminables campañas de publicidad, disfrazadas de "portadas de revista" que hoy contaminan visualmente nuestras calles? A la fecha no hay manera de saber cuánto se ha gastado en la renta de espectaculares, la pinta de bardas y la impresión de lonas porque la fiscalización oficial de esos gastos no se activa hasta que arrancan formalmente las pre-campañas y, aunque la ley contempla sanciones, estas solo aplican en casos muy específicos, no en el tipo de "promoción" que hoy ensucia nuestra avenidas y hiede a corrupción e impunidad.

Es evidente que ninguno de estos políticos visualiza la erosión a la democracia que las campañas eternas traen consigo. Por eso no sorprende que, en Querétaro, la confianza del electorado en los políticos y sus partidos sea tan baja. La ciudadanía está harta de ver sus caras en todas partes, especialmente cuando los resultados de su trabajo son imperceptibles y las mejoras a nuestras vidas nunca llegaron.

¿Por qué aún piensan que les otorgaremos nuestro voto si una y otra vez nos han demostrado que son incapaces de respetar los tiempos electorales, nuestra paciencia o nuestra inteligencia? Por el contrario, con cada lona y cada espectacular nos han convencido de no votar por ellos.

Maricruz Ocampo

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