En una reunión de feministas sobre nuestros planes para el Día Internacional de la Mujer, escuché a una compañera decir que le emociona pensar en la marcha pero le indigna la forma en que empresas y gobiernos han desvirtuado la lucha de las mujeres. "Vas a las tiendas o ves revistas y las encontramos llenas de comerciales con frases feministas y los gobernantes dan permisos a sus empleadas para faltar al trabajo para ir a manifestarse o les reparten pañuelos morados. De plano, no entienden que no entienden".

El 8 de marzo debería servir para conmemorar la lucha incansable de las mujeres por sus derechos y para evidenciar el largo trecho que aún falta para lograr la igualdad sustantiva y la erradicación de la violencia. Sin embargo, ni los gobiernos ni las empresas ni la sociedad han comprendido que ese día las mujeres no queremos ni regalos ni festejos o que pongan la ropa morada en oferta. No comprenden que no queremos que nos feliciten.

Las mujeres demandamos poder caminar tranquilas por las calles; que se acaben los feminicidios, las violaciones y los golpes; que se reconozcan nuestras capacidades y se nos pague lo justo por nuestro trabajo; que la crianza y el cuidado se repartan de forma equitativa en nuestros hogares y se concilie el trabajo con la familia. Exigimos los mismos derechos y oportunidades para vivir nuestras vidas en plena libertad. Ni más ni menos.

La deuda que las instituciones, gobiernos, empresarios y comunidades tienen con las mujeres y niñas de México es enorme. Y si bien ha habido cambios sustanciales que hoy permiten a muchas gozar de derechos inimaginables hace 50 años, el avance es lento y diferenciado.

Sin embargo, y a pesar de las exigencias cada vez más sonoras en las marchas feministas, todos ellos, desde una visión paternalista, arraigada en el desconocimiento, siguen pretendiendo decidir qué podemos y qué no podemos hacer las mujeres.

¿Por qué los gobernantes de todas las fuerzas políticas se oponen con tanta vehemencia a algo que desconocen?

Porque en su mesa sólo han sentado a las que agachan la cabeza y guardan un silencio cómplice a cambio de míseras dádivas.

Por eso nos felicitan el 8 de marzo, porque han evadido el diálogo crítico que les permitiría comprender que la lucha feminista no es una moda efímera ni un festejo mercadotécnico ni tampoco inició para oponernos a su gobierno.

Sin diálogo, cómo explicarles que las políticas públicas sólo son efectivas cuando se diseñan con conocimiento técnico en derechos humanos de las mujeres. Sin diálogo, cómo hacerles ver que, en la erradicación de la violencia de género, la improvisación y las ocurrencias hacen daño. Sin diálogo, cómo transmitirles que "lo personal es político".

Es buscando responder a esas preguntas, que dedicaré mis próximas colaboraciones a compartir la historia de siglos de lucha de las mujeres, los logros alcanzados hasta ahora y el gran camino que queda por recorrer. Espero que me acompañen.

Titular de Aliadas Incidencia 
Estratégica e integrante de la 
Red Nacional de Alertistas. 
Twitter: @mcruzocampo 
FB: maricruz.ocampo

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