Si revisamos la administración de Mauricio Kuri en conjunto, encontramos un perfil conservador en términos personales e ideológicos, aunque también una actitud pragmática en las decisiones públicas.
Su narrativa de gobierno se construyó alrededor de conceptos como competitividad económica, atracción de inversiones, innovación, educación y gobernabilidad.
Ese tono proyectó estabilidad y dio certeza a inversionistas nacionales y extranjeros interesados en estados con menor conflictividad social. Por eso el endurecimiento reciente del discurso alrededor de temas culturales llama tanto la atención, porque rompe con la imagen moderada y empresarial que caracterizó buena parte de su administración.
En el caso del matrimonio igualitario, Kuri expresó reservas, pero tampoco utilizó los instrumentos políticos disponibles para convertir el tema en una gran batalla pública.
Respecto al aborto, ha reiterado durante años una postura personal, pero en el discurso ha señalado que acatará la legislación vigente.
Con el reciente veto a la Ley de Identidad de Género modificó la estrategia y también la narrativa. El gobernador utilizó expresiones como “izquierda radical”, habló de agendas ideológicas y apeló a la defensa de los valores y las familias queretanas en un dejo más bien demagógico. Este lenguaje está colocando la confrontación cultural en el centro de la discusión pública, muy a tono con las estrategias que distintas derechas internacionales están utilizando para movilizar a sus electorados.
Y es que las guerras culturales se han convertido en una herramienta política alrededor del mundo que logra la movilización de diversos sectores hacia una derecha más radical y genera votos.
Los debates sobre identidad, género, educación o valores familiares propician movilización emocional y fortalecen identidades partidistas. La reciente visita de Isabel Díaz Ayuso y su reunión con Mauricio Kuri también adquieren relevancia dentro de esa lógica.
El PAN parece buscar esta estrategia rumbo a 2027. Aunque la elección de 2021 otorgó al PAN en Querétaro una ventaja cercana a los 30 puntos y consolidó la percepción del estado como uno de sus bastiones nacionales más sólidos para el partido, los resultados de 2024 mostraron un escenario distinto: Morena cuadruplicó sus alcaldías, alcanzó al PAN en diputaciones locales y redujo diferencias importantes en la zona metropolitana. La alcaldía de Querétaro registró una diferencia cercana a los 10 puntos, una distancia mucho menor a la observada años atrás.
La gran interrogante rumbo a 2027 gira alrededor de la efectividad de esa estrategia en un estado que atraviesa profundas transformaciones demográficas y sociales.
La zona metropolitana de Querétaro concentra crecimiento poblacional acelerado, expansión inmobiliaria y llegada constante de personas provenientes de otras entidades. Muchas de ellas carecen de vínculos históricos con el panismo local y participan de dinámicas políticas distintas. Además, sectores jóvenes urbanos colocan en el centro preocupaciones relacionadas con vivienda, movilidad, salarios, desigualdad territorial y calidad de vida.
Algo que me parece preocupante es que, si esta tendencia discursiva se consolida, Querétaro podría entrar en una etapa donde distintos actores políticos utilicen discursos polarizantes que propicien conflictos sociales y señalen a grupos que históricamente han enfrentado discriminación.
Ese tipo de narrativas moviliza electorados, aunque también incrementa las tensiones sociales y alimenta formas cotidianas de rechazo y violencia. En ese escenario también estaría en juego parte de la imagen de estabilidad social, convivencia y certidumbre que Querétaro ha proyectado durante los últimos años.
Como queretanas y queretanos, tendremos el reto de exigir que los actores políticos mantengan un discurso de paz, respeto e inclusión, pensando en el bienestar colectivo y en el tipo de convivencia social que queremos construir para el futuro del estado.
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