La democracia en México está perdiendo terreno frente a la tendencia autoritaria. El problema radica en el distanciamiento de los partidos con la sociedad; en el pragmatismo que los ha llevado a prescindir de sus principios, así como en la baja calidad de sus dirigentes, candidatos y propuestas, lo cual redunda en la pérdida competitividad y el estancamiento de alternancia en el gobierno.

La considerada “emblemática” elección de gobernador en el Estado de México aporta aprendizajes significativos para la ciudadanía y los partidos: mientras la figura del presidente, el manejo de los programas sociales y la narrativa del “cambio” (poner fin a un siglo de control del corrupto PRI en la entidad) cosecharon un parte de los votos, del lado opositor la narrativa de fondo fue la icónica contraposición entre la democracia y el autoritarismo representado por el lopezobradorismo. En ambos casos, las candidatas, no fueron el factor determinante del voto.

La plataforma “Saber Votar”, en su evaluación de este proceso, aporta elementos para comprender qué sucedió: la mayoría de los votantes por Delfina fueron hombres (51.9%), por Alejandra del Moral, mujeres (56.9%); la mayoría de las personas con estudios superiores votó por Delfina, mientras que los de estudios medios y bajos por Alejandra; el sector menos participativo fueron los jóvenes de 18 a 20 años, mientras que el más participativo fueron personas de entre 46 y 60 años. Las personas con más ingresos votaron por Morena; y las de menos ingresos por la oposición.

Más del 50% de quienes votaron por ambas opciones tenían claro su voto antes de iniciar las campañas. Los motivados en apoyar a la 4T fueron el 48.3% de los votantes de Morena; mientras quienes votaron en contra de la 4T fueron el 55.4% de los simpatizantes del bloque. El voto de aprobación al presidente fue el (73.9%), mientras el voto de desaprobación del PRI y del gobernador Del Mazo fue el (49.8%), entre otras causas por la corrupción e inseguridad prevaleciente en la entidad.

El uso electorero de los programas sociales fue claro: por Delfina votó el 60.8% del padrón de beneficiaros de la Pensión para Adultos Mayores; el 66.3% de las Becas Benito Juárez para estudiantes; el Salario Rosa, el 50% para ambas candidatas; Jóvenes Construyendo el futuro, 63.1% por Delfina.

Siendo tan emblemática esta elección, la participación ciudadana no alcanzó el 50% del padrón electoral, lo que incrementó en un 25% el costo de cada voto, respecto de la elección anterior. Esto exhibe la pérdida de capacidad competitiva de los partidos y su incapacidad para enriquecer la democracia con propuestas atractivas.

Persistió la compra de votos, la amenaza a los votantes, la inflación artificial del padrón electoral, el uso electorero de los programas sociales, el uso partidista de la estructura gubernamental; la ilegal intromisión del presidente y de altos funcionarios públicos en las elecciones, como la omisión de sanciones de las autoridades electorales.

Pero la parte más significativa ha sido prescindir de la sociedad en las tareas de gobierno, priorizando los intereses, consignas y prejuicios ideológicos del líder, lo que motiva su ausencia social en las urnas; empobrece la democracia y eleva sus costos económicos, acercándonos a la inmovilidad autoritaria.

Si la oposición pretende competir en 2024 requiere escuchar a la sociedad y promover el bien común, antes que los intereses grupales o partidistas.

Periodista y maestro
 en seguridad nacional

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