A veces las cosas no salen como uno quiere, otras suelen salir mejor de lo esperado; me he percatado que todo ello sirve para ir aprendiendo sobre cómo se puede perfeccionar el funcionamiento de un centro cultural.

He de confesar que el día en que me dijeron: ¿te interesaría dirigir un espacio cultural?, dije: “suena bien, suena interesante, suena a un buen reto”.

Hoy, sin darme cuenta, ya se cumplieron tres años. Recuerdo uno de los primeros conciertos, un buen amigo, Ramiro Martínez —extraordinario en la guitarra clásica—, me dijo: “Yo doy conciertos en Viena”. La piel y los nervios de la primera convocatoria para ese evento se me erizaron, no sabía cómo hacerle para que la gente valorara su trabajo. Al final del evento llegaron como 10 personas, me sentí mal por lo que me había dicho antes.

Así que empecé a buscar la manera de que, concierto a concierto, el grupo de espectadores fuera creciendo. Me di cuenta que cuando se trata de exposiciones, la gente tiende a llegar. Siempre depende del artista o los artistas. Cuando es una exposición colectiva es más fácil llenar y que si se junta exposición con concierto, le darán mayor relevancia a la exposición y que el interés por escuchar la música baja.

Entonces, fue que decidimos que primero se realizaran los conciertos a las 19:30 h, de un jueves cada 15 días y que, al mes y medio con la llegada de las exposiciones, las inauguraciones se realizaran después para darle su lugar a cada uno de los artistas.

La verdad es que la mayoría de los conciertos son de artistas que forman parte de los grupos representativos de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro, dejando en claro que sólo les falta a ellos un espacio para que la gente vea a la nueva generación de artistas que se están formando en nuestra alma mater.

Algunos conciertos, por cuestiones del clima, han llegado a ser a capela, sin energía eléctrica y a luz de las velas; ese reto le tocó a Sandra Dinorín, con su coro polifónico, demostrando que sin importar las inclemencias del clima el show debe continuar. Ese día demostró que sí se puede hacer algo con el instrumento más valioso que ella y su grupo tenían para ofrecer esa noche: su voz.

Y es que en este ambiente de las artes todos estamos a prueba constante, porque, aunque haya mucha lluvia, el público ha demostrado que le gusta lo que ven y lo que escuchan. Van tres años y aunque parece que fue ayer que Sergio Rivera, presidente de la Fundación Aldhebarán, me ofreció esta encomienda, hoy me alegra y le agradezco que lo haya hecho, porque ha cambiado mi forma de ver las cosas en las artes y, en particular, todo lo que una gestión de este tipo conlleva.

Sin el diseño de Luis Donaldo u Oswaldo, la museografía de Salvador Pichardo, sin la foto, la convocatoria en medios, sin una organización previa y sin tantas personas que hay detrás, incluido el público, esto no sería posible. Todos ponemos un granito de arena y eso hace que hoy podamos decir que se cumplen tres años, ¿nos falta mucho? Nos falta todo, pero tenemos lo más importante, las ganas de seguir queriendo que más público se enamore de las artes a través de lo que hemos presentado aquí en la calle Melchor Ocampo 39 sur.

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