Una minoría de la sociedad mexicana se opuso a la reforma electoral propuesta por el Presidente de la República, el año pasado. Al ser rechazada dicha reforma, por no obtener la mayoría calificada necesaria, dado que se trataba de una reforma constitucional, el ejecutivo federal propuso algo mucho más modesto, el llamado “Plan B”, cuyo objetivo central es reducir el costo del funcionamiento del enorme aparato electoral en México.

Los mismos que se opusieron a la reforma electoral, se oponen ahora al modesto plan B. Van desde el presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, hasta los partidos de oposición y su gurú, el señor Claudio X. González, el que en el sexenio de Enrique Peña Nieto se hacía pasar como “experto” en educación y que ahora se presenta como “activista social”.

Hay que recordar que, de acuerdo a una famosa encuesta mandada hacer por el mismísimo INE, la gran mayoría de los mexicanos queríamos esa reforma electoral constitucional. Pero, los opositores a cualquier reforma electoral, por mínima que sea, entonces ¿qué es lo que quieren? ¿Han hecho propuestas alternativas? ¡No! Simplemente quieren que las cosas se queden como están.

Quieren que un país con 60 millones de pobres y múltiples necesidades siga manteniendo un aparato electoral mastodóntico, quizás, el más caro del mundo, en donde cada voto en elecciones cuesta 25 dólares (según un estudio de la BBC, de Londres). Que nos expliquen los opositores cuál es su lógica para seguir defendiendo que tengamos un aparato electoral tan costoso. El costo del voto en México cuesta más del doble que en Estados Unidos o en Brasil, en donde cada voto cuesta, aproximadamente 11 dólares.

Es absurdo que nos vengan a decir que “la democracia cuesta” o que “la democracia está en peligro” pues tratan de establecer una inexistente relación directa entre el costo del voto y la democracia. Si así fuera, ¿podríamos decir que Estados Unidos o Brasil son la mitad de democráticos que México? y que entonces no existe la democracia en Francia, en donde cada voto cuesta menos de 2 dólares, 25 veces menos que en México. ¡Absurdo!

Los opositores al “Plan B” quieren que más de 400 altos cargos del INE ganen más que el Presidente de la República (como dio a conocer el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, UIF, Pablo Gómez), como si sus responsabilidades fueran del mismo nivel. Lo peor, es que se defiende este despilfarro invocando a la democracia. La lucha es pues por privilegios indebidos y exagerados y no por cuestiones democráticas, que creo que es lo que menos les interesa.

Académico de la UAQ. anbapu05@yahoo.com.mx

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