Los últimos días, hemos visto que el presidente se levanta temprano; a las 5 de la mañana ya está reunido con trabajadores y revisando sus estrategias, grabando videos o poniéndose “al tanto” de lo que se hace en diversas áreas municipales, pero, a las siete y media de la mañana, la palabra “orden” tiene otra definición. El tiempo que tarda una persona en atravesar la ciudad porque el fraccionamiento, se construyó lejos de su trabajo, la calle que se inunda cuando llueve o la colonia donde están pidiendo servicios básicos desde hace años redefinen el concepto de “orden” y lo viven muy diferente al presidente madrugador.

Felifer Macías construyó su Segundo Informe alrededor de la idea del Plan Orden, en sus propias palabras, poner orden significa “planear con atención antes de actuar” y, entre sus objetivos, coloca expresamente orientar el crecimiento de la ciudad: “ordenar el crecimiento y desarrollo urbano” y gestionar ese crecimiento hacia un progreso integral. Aquí debemos ser honestos y reconocer que gran parte de la ciudad ya estaba como actualmente se encuentra; los desarrollos inmobiliarios construidos en periferias de la capital, las colonias “no entregadas”, la trazabilidad de la ciudad y un largo etc., sin embargo, fue el quien llegó con la espada desenvainada (incluso con su antecesor del mismo partido) y fue quien planteó poner en orden la ciudad.

Querétaro tiene buenos indicadores de percepción de seguridad reconocidos por el propio INEGI con un registro de 36% de percepción de inseguridad en junio de 2026. El municipio ha ampliado el transporte gratuito y el informe documenta inversión en infraestructura, espacios públicos y servicios; pero ¿Qué ocurre cuando pasamos de contar acciones a observar la ciudad que esas acciones están produciendo?

Este año, el IMCO colocó a Querétaro en el primer lugar de competitividad entre las ciudades de más de un millón de habitantes, pero en ese mismo estudio aparece otro que debería ocuparnos igual: apenas 2.51% de la vivienda nueva se ubica dentro de la mancha urbana consolidada. Siguen queriendo destacar a Querétaro en economía, innovación y capacidad fiscal, mientras siguen expandiendo la vivienda hacia afuera. El propio informe municipal reconoce la dimensión del problema; el Atlas de desigualdad señala que, en cincuenta años, Querétaro creció casi 25 veces el territorio que ocupaba e identifica mayores rezagos en las periferias norte, nororiente y comunidades rurales, y calcula actualmente alrededor de 6 metros cuadrados de área verde pública por habitante en las zonas urbanas.

¿Eso también forma parte del orden? Autorizar correctamente un desarrollo urbano es una obligación administrativa que conlleva saber si ese desarrollo acerca o aleja a las personas de su trabajo, cuánto tránsito generará, de dónde obtendrá agua, qué infraestructura exigirá dentro de diez años y cuánto costará llevarle servicios. El informe nos muestra cerca de 69 mil trámites atendidos para ordenar el crecimiento de la ciudad, entre ellos alrededor de 44 mil 400 trámites de desarrollo urbano y más de 24 mil relacionados con fraccionamientos e inmobiliarias; es una cifra de actividad gubernamental considerable, pero el número de trámites procesados todavía no nos dice si la ciudad está creciendo hacia donde debería.

¿Cómo vamos a medir el orden? Podríamos publicar cada año cuántas viviendas nuevas se construyen dentro de la ciudad consolidada; cuánto tarda en promedio una persona en llegar a su trabajo; cuántos metros cuadrados de área verde existen por habitante y por delegación; cómo cambia la disponibilidad de agua frente al crecimiento proyectado; y si las brechas que el propio municipio identificó entre colonias efectivamente disminuyen.

A las y los ciudadanos de la Capital, YA NO LES ALCANZA con las narrativas de “Orden” en una ciudad con cada vez menos movilidad, con edificios cada vez más altos, servicios básicos deficientes o “miles de empleos generados”…a dos horas de sus casas

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