Querétaro tiene un problema de agua y negarlo sería irresponsable, pero utilizar esa urgencia para hacernos creer que sólo existe una solución posible no solo sería irresponsable, sería creer que el pueblo somos tontos. Lo que está ocurriendo en la Presa El Batán nos obliga a cambiar nuestra forma de pensar y debería poner a trabajar a todos, en propuestas más serias.

En lugar de estar hablando de contratos por treinta años, contraprestaciones multimillonarias o asociaciones público-privadas, tendríamos que preguntarnos algo mucho más básico: ¿qué estamos haciendo para recuperar la cuenca que alimenta esa presa?

En los últimos meses hemos conocido datos preocupantes: mortandad de peces, bajos niveles de oxígeno, materia orgánica, presencia de lirio y puntos de descarga que están siendo investigados por CONAGUA y, aún que todavía no existe una resolución que permita responsabilizar a un fraccionamiento o desarrollo específico, no podemos ignorar que alrededor de El Batán, la urbanización ha seguido creciendo. A estas alturas ya ni si quiera es necesario preguntarse quién contaminó, sino ¿quién está cuidando la cuenca?

Por muchos años el debate sobre el agua se ha concentrado en cómo traer más, extraer más o construir más infraestructura, cuando una política hídrica responsable también tiene que proteger los lugares donde el agua se infiltra, recuperar nuestros acuíferos, sanear los cuerpos de agua, vigilar las descargas y ordenar el crecimiento urbano. Justamente en este punto, es donde nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum si se preocupa, pues en el Programa Nacional Hídrico 2026-2030 de Conagua establece como uno de sus objetivos precisamente promover el manejo sustentable de cuencas y acuíferos, conservar el equilibrio hídrico, proteger ecosistemas y reducir la presión sobre las fuentes de abastecimiento.

Conagua también ha sido clara en algo: el reúso del agua es una alternativa que debe estudiarse y que tecnológicamente puede formar parte del futuro hídrico, en eso estoy de acuerdo, pero el gobierno quiere confundir las y los ciudadanos diciendo que ese, es el respaldo a una solución técnica con la obligación de aceptar una deuda de tres décadas.

Una cosa es apoyar el saneamiento, el reúso, la recuperación de una cuenca o la recarga de nuestros mantos acuíferos, y otra muy distinta comprometer por 30 AÑOS los recursos públicos para pagar una Asociación Público-Privada. El propio proyecto presentado originalmente para el Sistema Batán contemplaba obligaciones de largo plazo y contraprestaciones que comenzarían a pagarse cuando el sistema entrara plenamente en operación.

Además, las autoridades municipales también tienen una responsabilidad que asumir. El crecimiento de Corregidora no puede seguir analizándose fraccionamiento por fraccionamiento, como se ha venido haciendo cada trienio en el que autorizan urbanización o incluso, desarrollos verticales más altos.

En Querétaro ya no alcanza el agua, necesita infraestructura hídrica, sí; necesita inversión, sí; necesita tecnología y reúso, también, pero antes de pedirle a las próximas generaciones que paguen durante treinta años una solución, tenemos la obligación de demostrar que estamos haciendo todo lo necesario para recuperar lo que ya tenemos.

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