Septiembre tiene una manera muy particular de recordarnos que somos mexicanos. De pronto, las calles se llenan de verde, blanco y rojo; aparecen banderas en balcones, automóviles y comercios; los restaurantes anuncian pozole, chiles en nogada y antojitos mexicanos; las plazas se preparan para el Grito y en muchas casas comienzan los preparativos para una noche que, más que una celebración, se ha convertido en una de nuestras grandes tradiciones. Es septiembre, el mes patrio. Pero este año quisiera hacer una pregunta diferente: ¿qué tanto conocemos realmente el país que celebramos?Porque podemos gritar “¡Viva México!” con enorme entusiasmo y, al mismo tiempo, conocer muy poco.
Muchos mexicanos hemos viajado al extranjero sin haber recorrido buena parte de nuestro propio país. Sabemos dónde está París, Madrid, Nueva York o Las Vegas, pero quizá nunca hemos visitado una zona arqueológica cercana; conocemos restaurantes de comida internacional, pero no hemos probado la gastronomía de otros estados; hemos visto fotografías de ciudades europeas, pero no conocemos algunas de las ciudades patrimonio que tenemos a unas cuantas horas de distancia. Y México es tan grande y diverso que, en realidad, parece imposible conocerlo todo. Septiembre puede ser una buena oportunidad para empezar. Además, este año el calendario nos pone una pequeña prueba. El 16 de septiembre será miércoles y es día de descanso obligatorio, de acuerdo con la Ley Federal del Trabajo. No tendremos el tradicional puente largo alrededor de esa fecha, pero quizá eso no sea una mala noticia. Porque hemos llegado a pensar que para viajar necesitamos cuatro, cinco o diez días. Pero, a veces basta solo uno. Una escapada puede comenzar en nuestro propio estado, y llevarnos a descubrir un pueblo, una hacienda, un viñedo, una zona arqueológica, un museo, un mercado tradicional o simplemente un restaurante donde probar una cocina que no conocíamos. Y ahí está una de las grandes oportunidades que tiene el turismo nacional: dejar de pensar que viajar significa necesariamente tomar un avión.
El regreso a clases que acabamos de vivir nos recuerda que quizá también deberíamos volver: y tomar la clase de México, como una lección que no se aprende en un salón, sino caminando por sus calles, escuchando diferentes acentos, descubriendo lenguas originarias, visitando comunidades, conociendo las historias que dieron identidad a cada región y sentándonos a comer donde un platillo tradicional cuenta, muchas veces, más historias que un libro. Queridos lectores, quizá este mes de septiembre podríamos hacer algo diferente. En lugar de preguntarnos únicamente dónde será el Grito, podríamos pensar: ¿qué lugar de México todavía no conozco? En lugar de buscar únicamente una fotografía para publicar en redes sociales, podríamos contar una historia. En lugar de presumir que estuvimos en determinado destino, podríamos regresar sabiendo algo que antes no sabíamos. Este septiembre, mientras México se pinta de verde, blanco y rojo, tal vez valga la pena hacernos una pregunta:
¿Cuánto de México conocemos realmente? Porque para decir “¡Viva México!” hay muchas maneras. Una de ellas, quizá de las más bonitas, es simplemente viajar por él.
Periodista y conductora
Premio Internacional de Periodismo Turístico 2022
Otorgado por la OMPT
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