Nacimos aquí. Vivimos aquí. Hablamos español, somos participes de todas y cada una de las fiestas, comemos muchos platillos y, en repetidas ocasiones, presumimos ante el mundo la grandeza de nuestro amado México. Pero cuando alguien nos pregunta qué destinos conocemos, qué cultura, qué tradiciones, la respuesta, lamentablemente puede ser sorprendentemente corta. Muchos mexicanos conocemos nuestra ciudad, quizá algunos destinos de playa y uno que otro lugar al que hemos viajado en vacaciones. Pero México es muchísimo más que dos o tres destinos que tengamos relativamente cerca. México es un país que parece contener muchos países dentro de sí. Tenemos desiertos y selvas, montañas y manglares, cenotes y arrecifes, ciudades coloniales y grandes metrópolis, pueblos indígenas y comunidades que conservan tradiciones milenarias.
México tiene 36 sitios inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, una cifra que nos coloca entre los países con mayor riqueza patrimonial reconocida internacionalmente. Son 28 sitios culturales, 6 naturales y 2 mixtos. Ahí se encuentran Teotihuacán, Chichén Itzá, Palenque, Monte Albán, El Tajín, Guanajuato, Puebla, Oaxaca, Morelia, Zacatecas, Querétaro y muchos otros lugares que forman parte de ese enorme patrimonio que, paradójicamente, no todos los mexicanos conocemos. Y hay algo todavía más impresionante: el INAH tiene actualmente bajo su resguardo 194 zonas arqueológicas y una zona paleontológica abiertas al público. Viajar por nuestro país no solamente significa cambiar de paisaje. Significa cambiar de sonidos. El español de México no suena igual en Sonora que en Yucatán, en Veracruz que, en Chihuahua, en Oaxaca que en Nuevo León. De la misma manera quien solamente conoce los tacos, el mole o el pozole como conceptos generales todavía tiene muchísimo por descubrir. La gastronomía mexicana cambia con cada región. Está la cochinita pibil de Yucatán, los moles, las tlayudas, el chocolate y el café de Oaxaca, los mariscos del Pacífico, la cocina de Veracruz, las carnitas de Michoacán, la birria de Jalisco, los cabritos del norte, las enchiladas potosinas, las gorditas queretanas, los tamales, si, los tamales, porque tenemos 500 tipos, ¿sabian? No podemos olvidar que México tiene una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo: Chichén Itzá, en Yucatán.
Queridos lectores, hay mexicanos que han viajado miles de kilómetros para conocer monumentos europeos y todavía no han contemplado de frente la majestuosidad de Chichén Itzá. Hemos aprendido a mencionar que ya visitamos “París”, “Roma”, “Londres” o “Nueva York” con una facilidad impresionante. Pero quizá también deberíamos aprender a decir con el mismo orgullo: Palenque, Monte Albán, Calakmul, El Tajín, Teotihuacán, Paquimé y Uxmal. Y asi, no terminaremos, nuestro país no solamente es diverso culturalmente, es extraordinariamente diverso geográficamente.
Queridos lectores, viajar por México no significa renunciar a conocer el mundo. Al contrario. Creo que quien conoce profundamente su propio país aprende también a mirar de otra manera los países ajenos. Porque el turismo nacional también es una forma de identidad. Y a ti, ¿cuántos lugares de México te faltan por conocer?
Periodista y conductora
Premio Internacional de Periodismo Turístico 2022
Otorgado por la OMPT
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